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JanImpresos y Manuscritos
Entre los libros que hemos manejado en la Bancroft Library (desde la primera edición de las poesías de Boscán hasta la segunda del Quijote, sin descartar ese maravilloso Amadís editado en Venecia en 1533 por Francisco Delicado, que, por cierto, hizo con el texto honor a su nombre) había algunos impresos, y también el manuscrito del Lidamarte de Armenia (que, como sabemos, se llamaba en realidad Ladislao de Grecia), cuya portada es un collage de varios impresos, hasta componer una portada que parece también ella impresa. En ese momento he hecho igualmente referencia a El Primer Nueva Crónica y Buen Gobierno de Felipe Guaman Poma de Ayala (1615 o 1616), manuscrito bellísimo que tiene la particularidad de presentarse con todo el aspecto de un impreso, con sus diferentes módulos de letras de acuerdo con convenciones propias del lenguaje del impreso, etc., y eso sin contar las verdaderas planchas, imitando los grabados de los libros impresos, que Don Felipe Guaman Poma de Ayala dibujó cos su propia mano. El manuscrito se conserva en la Biblioteca Real de Dinamarca (¿cómo? ¿por qué?), y ahora pueden verlo pulsando este vínculo.
El manuscrito y el impreso tienen su propio papel en la cultura de la edad moderna, y además dialogan el uno con el otro de un modo fascinante. Sugiero, a quien esté interesado en todos estos asuntos, la lectura de dos libros de Fernando Bouza, que, además, constituirán una buena guía en torno a la bibliografía al respecto: Corre Manuscrito. Una Historia Cultural del Siglo de Oro, Madrid, Marcial Pons, 2001, y Del Escribano a la Biblioteca. La Civilización Escrita Europea en la Alta Edad Moderna (siglos XVI-XVII), Madrid, Síntesis, 1992.
Me gustaba el libro que empieza con los impresos en que uno puede “leer con los dedos con los ojos cerrados”. Pero después de la primera pagina, había una sorpresa. Para mi, representa una critica de la literatura y puede ser critica de la vida en general. En un punto de transición entre el antiguo y el moderno, el autor presenta su libro con una pagina que imita los impresos. Al primera vista, antes de mirar las otras paginas, uno piensa que es un libro moderno. Es una manera de llamar la atención de un lector joven que no quiere leer los libros antiguos o de un lector que quiere explorar los libros modernos, dejando los manuscritos olvidados entre las paginas amarillas de la historia. Pero después de la primera pagina, uno descubre que la primera pagina fuera una trampa y que ese libro tiene la originalidad de los manuscritos. Es una manera inteligente que ayuda el autor capturar los lectores jóvenes y viejos para presentar los manuscritos con una forma nueva.
Hacer la portada como “un collage de varios impresos” también ayuda el lector descubrir la introducción con todas de sus sentidos. De usar los dedos para tocar las letras, uno piensa a practicar abrir todos los sentidos para leer un libro.
El libro tiene una portada como un collage que muestra la inventiva y también muestra que tiene parte de lugares diferentes. Es como uno que tiene en su corazón las ideas y tradiciones antiguas pero afuera parece moderno con un sabor de culturas y tecnologías diferentes. Eso muestra los efectos del ambiente exterior y del presión del mundo moderno que quiere cambiar el antiguo a moderno. Pero uno cambia a una maravilla cuando puede guardar lo tiene de tradiciones debajo de su piel colorado del modernismo.
Gracias Dina por su comentario, siempre inteligente. Se refiere al Lidamarte de Armenia de Damasio de Frías, libro que, de acuerdo con la portada, se “hizo” en 1568 y se “escribió” en 1590 (ahí, el verbo “hacer” se refiere al autor y su actividad compositiva, y “escribir” significa “copiar”, es decir, convertir el texto en un libro, para decirlo simplemente). Lo que señala Dina, además, es muy interesante: los libros no sólo están diseñados para ser leídos; hay algunos que ni siquiera han sido hechos para ser leídos (un día le pediremos al Profesor Pedro Cátedra, de la Universidad de Salamanca, que nos hable sobre los “libros no libros”), sino para ser sentidos de otro modo, o para que lo protejan a uno (eso era y es aún bastante frecuente). También es particularmente interesante incidir, como hace Dina, en el hecho de que este libro está navegando en dos terrenos, el de la modernidad de la imprenta y el del carácter casi mágico y antiguo o tradicional del manuscrito. JRV