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01
Feb
Problemas de transcripción 1

Así pues la cuestión es ahora como transcribir un un texto. Esta es una decisión crucial. De ella dependen:

  • la utilidad del texto que estamos produciendo
  • el tipo de lecturas, estudios e interpretaciones que se pueden desarrollar sobre ese texto
  • el tipo de lector al que nos estamos dirigiendo
  • la vigencia o permanencia de la transcripción
  • la capacidad de usar esta transcripción en bancos de datos, corpora, etc.

Un ejemplo. Los especialistas en lingüística diacrónica se quejan con alguna frecuencia de que los transcriptores tienden a regularizar el texto sobre todo ortográficamente, eliminando, así, detalles que, según ellos, son fundamentales. Abogan, así pues, por una transcripción sistemáticamente paleográfica, es decir, que mantenga, en la medida de lo posible, todos los detalles y elementos que contiene el testimonio manuscrito o impreso.

Otro ejemplo. No exclusivamente, pero digamos que sobre todo a partir de la publicación del libro de Bernard Cerquiglini, Éloge de la Variante, París, Seuil, 1989, se produce, en los estudios literarios, paleográficos y ecdóticos la sensación de que toda transcripción, por exacta respecto del original que transcribe que ésta sea, es insuficiente. N o digamos una edición crítica. La única manera de leer el manuscrito o el impreso sería, asi pues, enfrentarse directamente al mismo, sin mediación editorial de ningún tipo. Propugnan, así pues, más que otra cosa, la representación facsimilar, tanto en su versión bibliográfica como en versión electrónica.

Los casos y ejemplos podrían multiplicarse, pero ahora vale más la pena intentar hacer un pequeño recuento de métodos y bibliografías. Sólo quisiera señalar antes un detalle más, que pertenece por entero a nuestra ocupación, y que constituye, a fin de cuentas, la realidad de funcionamiento de las transcripciones. Al cabo, cada uno de los editores es, a su modo, un copista, un escriba, un amanuense, y, como aquellos, persigue una serie de fines y adopta una serie de métodos al construir la transcripción. Lo que sucede es, claro, que el escriba adopta un usus scribendi que, por decirlo así, le es propio e intransferible. De ahí que lo más frecuente sea ésto: que al principio de cada edición de cada texto que se publica, la persona encargada de la edición también incluye una nota sobre los métodos de transcripción y de edición que ha puesto en práctica. Es frecuente que esos métodos digan que ha seguido las normas de Tal o de Cual, pero que les ha incluido una lista de cambios que, en realidad, hacen irreconocibles las normas en cuestión. Sólo determinados proyectos, como el iniciado hace lustros por el benemérito Hispanic Seminar of Medieval Studies (hoy con sede en la Hispanic Society of America), se han mantenido ligados a un método de transcripción, que les permitía un tratamiento informático de los textos con el que se esperaba construir el aún inexistente (pero siempre in fieri) Dictionary of Old Spanish Language (DOSL). Enseguida hablaré del manual que se preparó, y del que se conocen numerosas ediciones, a partir de la idea original de David McKenzie. La mayor parte de los textos editados por el HSMS están en microfichas o en CD-ROM, y presentan un complejo pero manejable sistema de códigos que pueden ser inmediatamente sustituidos, mediante macros u otros comandos de un tratamiento de textos, por una serie de modos de puesta en página.

Vengamos, pues, a los diferentes modos posibles de transcripción (que, en ocasiones, serán sinónimo de edición), simplificando de manera lo más operativa posible.

1. TRANSCRIPCIÓN PALEOGRÁFICA. Es, naturalmente, la más conservadora, en el sentido de que pretende mantener en lo posible el aspecto original del texto que se transcribe. Resulta, también, un ejercicio imposible, hasta cierto punto, puesto que hay centenares de signos en un manuscrito que parecen irreproducibles, e incluso que, tradicionalmente, no se han transcrito. Por otro lado, la paleografía, incluso en las circunstancias físico-anímicas ideales, es una ciencia relativa, puesto que la lectura (y aun más su representación) es, más que reflejo, interpretación. No obstante, es, suele ser, la que los especialistas en lingüística diacrónica prefieren. Supongo que sería interesante, ahora, preguntarle a Milton Azevedo y a Jerry Craddock o a Steven Dworkin (Universidad de Michigan) qué es lo que opinan al respecto, y, bien mirado, no veo motivo para que no lo hagamos.

En la transcripción paleográfica siempre cabe mayor grado de exactitud con respecto al original que se transcribe. Digamos que puede hablarse de diferentes grados de transcripción paleográfica, que dependerán del grado de exactitud deseado, aunque manteniendo, siempre, ciertos criterios comunes, como por ejemplo los siguientes:

  • No se añade ningún elemento ortotipográfico moderno, como acentos, puntuación o uso de mayúsculas.
  • Se mantienen las variaciones ortográficas del original.
  • Se distinguen los usos del manuscrito de u/v, i/j y otras, aun cuando no concuerden con su valor fonológico de acuerdo con la ortografía moderna.
  • Si se resuelven las abreviaturas, siempre se marca la resolución
  • Se avisa de los usos de la variación entre consonantes largas y consonantes cortas (por ejemplo, ese larga / ese sigmática o erre larga / erre corta / erre archifonética)
  • Se transcribe o representa la mayor cantidad posible de la información contenida en el manuscrito

(to be continued)

There are 2 responses to “Problemas de transcripción 1”

  1. HB

    Dos preguntas sobre la trascripción de 1) consonantes largas y cortas, y 2) calderones. Estoy interesada en saber si alguien ha encontrado una manera adecuada (o interesante) de transcribir consonantes largas y cortas, en particular, ese larga / ese corta. Los calderones también son difíciles de transcribir, en cuanto a los distintos tipos de calderones que se encuentran en el manuscrito. Según algunos métodos de trascripción que he leído, como el método de David Mackenzie por ejemplo, se pueden usar símbolos como % para indicar la presencia de un calderón, y los símbolos %2, %3 etc. para distinguir entre distintos calderones. ¿Qué piensan ustedes de este sistema?

  2. ;

    ¿Depende la alternancia de consonantes cortas y largas (por ejemplo, -s- larga -s- sigmática)del contexto? ¿tienen algún valor diferente al grafemático -fonético, morfosintáctico?

    En cuanto a los signos de puntuación (por ejemplo el calderón, aunque éste no sea el único), puede usarse un calderón moderno como éste: ¶. El manual de transcripción de McKenzie da, como señala Heather, da ciertas normas al respecto, aunque en general se trata de “signos transitorios”, que luego serán reemplazados, mediante una macro, por signos definitivos.

    Pronto seguiré con las variedades de transcripción. ;;JRV;;

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