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FebEl capitán cautivo (apreciaciones para el martes)
La venta supone la cima de todos los encuentros. Un enorme teatro de caracteres se da cita allí de una manera entre mágica y bizantina (los encuentros son necesarios para dar lugar a ese efecto literario maravilloso y sorprendente que se suele llamar con el término griegos de "anagnórisis", es decir, 'reconocimiento' o 'reencuentro'). Nada sucede sin que se produzca una narración, como si la narración fuera el certificado mismo del encuentro, y, desde luego, del reconocimiento. La historia permite colmar las heridas físicas impuestas por el tiempo: dos personas que no pueden reconocerse por su aspecto, se pueden reconocer por la historia que cuentan.
El capitán cautivo, Ruy Pérez de Viedma, es el narrador de los capítulos 39-41, cuya lectura nos ocupa este martes día 21. Reparen en el modo en que da comienzo a su narración: "En un lugar de las montañas de León", que recuerda vagamente al inicio mismo de nuestra novela. Es casi como una imagen dialéctica de esa primera frase, y no sabemos si Cervantes la introdujo conscientemente así o no, pero eso no importa, porque de todos modos hace resonar con fuerza esa primera frase, y una narración nos lanza a la evocación de otra narración. Quizá tengamos que tener en cuenta alguna relación entre ambas. He aquí, pues, algunas preguntas que nos podríamos plantear este martes durante la clase (para la que, como saben, no tenemos a nadie que modere, así que lo tendremos que hacer entre todos):1. La narración del capitán nos invita a tomar dos vías de acceso para su comprensión: una que se ajusta a los criterios de verosimilitud por los que se aboga frecuentemente en el texto del Quijote. Otra, en cambio, mítica (¿no nos recuerda a todos esos mitos relacionados con el King Lear de Shakespeare?). ¿Cómo creen que funciona esta duplicidad? ¿qué significados puede adoptar? ¿cómo dialogan, si lo hacen, esos dos universos narrativos en la boca del capitán?
2. Por supuesto que el mismo planteamiento mítico puede ser interpretado, si lo deseamos, sociológicamente. Es más, se diría que a Cervantes le ha interesado plantearlo también sociológicamente. ¿Cómo se produce este análisis? ¿cómo podemos entenderlo en relación con el trabajo de Barry Ife que hemos leído en clase?
3. Es interesante que el discurso sobre la milicia del capitán cautivo venga justo después del discurso sobre las armas y las letras de don Quijote. ¿Cómo podríamos poner en relación ambos discursos? ¿en qué se diferencian? ¿por qué se diferencian?
4. El universo oriental está marcado a fuego. Nadie, ningún lector de Cervantes, ni aun el más post-estructuralista, ha concebido jamás que este episodio no esté marcado por la biografía de Cervantes, que, en efecto, estuvo cautivo en Argel. Claro que podríamos arguir (¿se acuerdan de Boris Vian?) que todo es autobiográfico, puesto que todo lo que escribe Cervantes forma parte del intelecto de Cervantes, y eso es también su biografía. Pero lo que es cierto es que parece estar relacionado con una experiencia concreta de Cervantes. ¿Cómo es el universo oriental que describe el capitán? ¿cómo se resuelve en esa representación la dialéctica entre opresión y exotismo?
5. Deberíamos analizar con detalle el papel de la hermosa Zoraida en esta narración. Podríamos compararla con otras mujeres que se presentan en el universo quijotesco y cervantino.
6. En fin, podríamos volver al principio, y preguntarnos hasta que punto don Quijote y el capitán representan una imagen dialéctica del otro. ¿Por qué ponerlos juntos? ¿cómo dialogan ambas figuras? ¿qué creen que significa esta doble caracterización de la milicia?
Pueden ir añadiendo preguntas y cuestiones en los comentarios, y así mañana tendremos más de que discutir.
La figura de Zoraida me ha interesado mucho en estos capítulos, especialmente cuando se la agrega al conjunto de las representaciones de mujeres que Cervantes nos transmite. Me acuerdo del primer día de clase cuando una estudiante comentó que la ausencia de las mujeres le había impresionado en su primera lectura de la novela – pero, aunque ningún personaje principal es una mujer, y aunque Cervantes suele incorporar un discurso que reduce el valor de la mujer al grado de su hermosura, las mujeres que aparecen en el curso de la historia quedan muy memorables, y muchas veces representan una voz bastante más compleja que la de la imagen convencional de la mujer. Marcela, la pastora, fue la primera que me impresionó con su “arenga” elocuente, cuestionando por qué se obliga a una mujer amar cuando no quiere sujetarse. Luego, hemos señalado las complejidades del carácter dual de Dorotea, que por una parte parece tan inocente y digna de simpatía, pero además se muestra muy buena actriz y algo oportunista. Zoraida también nos representa una contradicciones, por un lado tan pura y devota que arriesgaría todo para estar en tierra de cristianos, y por el otro lado capaz de conspirar la traición de su padre y fingir un desmayo cuando él la encuentra en los brazos del capitán. Por lo que he visto hasta este punto, los personajes femeninos pueden darnos materia mucho más dinámica e interesante que los hombres tan sencillamente influidos por la hermosura relativa de las mujeres.
Ahí tenemos, así pues, un tema fundamental, desarrollado ahora por Kristin (gracias), que debemos discutir en profundidad, ahora que, además, tenemos perspectiva sobre el texto y varios personajes femeninos. Pienso que el conocimiento de un poco de la crítica feminista y la teoría generalda en el ámbito de los gender studies puede ayudarnos a plantear el tema. Sugiero la lectura, a quien le interese, de los capítulos correspondientes a ambos movimientos teóricos contenidos en Raman Selden, “A Reader’s Guide to Contemporary Literary Theory”, cuarta edición, New York, Longman, 2005 (es clave que sea esta edición, las anteriores no tienen tales capítulos; el ‘call number’ -signatura, en español- es Main Stack PN94.S45 2005). Para lectores avanzados, tengan en cuenta por un lado la crítica feminista de la línea Beauvoir - Cixous - Irigaray y la crítica de gender studies de Judith Butler.
Y hanblando de Zoraida, creao que todas las mujeres que van introduciendo en estos capitulos sirven como contrastes para describir como las mujeres tratan de encontrar su propio destino y romper la barrera que las tienen prisioneras. En caso de Dorotea quien solamente pudo escapar vistiendo de hombre, en cambio Zoraida introducida como una nueva version de una mujer ideal, ademas de ser hermosa y muy inteligente ella no era prisionera de su casa sino ella podia salir y con robando el dinero de su padre ella obtuvo su libertad, pero si observa en el capitulo ella no habla, y permanece muda la majoria del tiempo (otra indicacion de su limitacion en la sociedad) ….pues aqui termina mi observacion..hablar de las mujeres es siempre interesante en el don quijote
DE EUGENIO LANZAS:
Parece difícil deshacer este entuerto de la imagen dialéctica. Primero me desvío para hacer una breve nota sobre la pregunta tres y con la maniobra replantear la cuestión sobre la relación dialéctica. Luego organizo mi andadura pesquisando y rastreando pasajes y fragmentos. Veamos pues que pasa. Si admitimos, como parece, que el cuento del cautivo es la evidencia o el ejemplo que verifica la superioridad, montada sobre el sacrificio, de las armas sobre las letras, entonces cuál es la relación dialéctica entre Don Quijote y el cautivo. Curiosamente el ejemplo que usa Don Quijote para comprobar los trabajos que confirman la superioridad de las armas es la escena de la batalla naval. Por razones que parecen evidentes no es Amadís sino el soldado que sirve en la armada real el que comprueba la hegemonía de las armas. El capitán es pues una especie de andante contemporáneo que escribe sus hazañas sobre las aguas. Tal vez no sobra anotar que si Don Quijote parece sacrificar voluntariamente la razón por el deseo de estar loco, el capitán cautivo, en un cierre dramático que parece querer coronar los trabajos del soldado con una megametáfora de la abnegación, parece sacrificar voluntariamente su libertad pues dice no querer importunar al padre con la noticia de sus desdichas. En otras palabras, parece asumir el cautiverio como uno más de lo deberes del hombre de armas. Deberes que el capitán asume voluntariamente cuando el padre le presenta los tres oficios que como hijo de padre rico, aunque liberal, tiene el privilegio de escoger. A petición del público de la venta el capitán acepta contar su historia verdadera que según él, supera las mentiras deliberadas y artificiosas que suelen componerse. Dina lo mencionó. Si uno de los narradores (quizás de alguna manera testigo en segundo grado) de Don Quijote es un moro mentiroso, la testigo del cautiverio del capitán es una mora. La entrada de la pareja en la venta es curiosa. La que se escapa porque desea ser María en el jumento y el capitán conduciendo su testigo-recompensa. Pero, si a Cide Hamete jamás se le ocurrió convertirse, Zoraida sí es candidata al bautismo voluntario. Higiene espiritual que limpia la palabra que, en caso necesario, terminará de endosar el relato de sacrificios del soldado. Palabra desinfectada, cuerpo y calidad de la mora, María, que parecen trabajar como aparato verificativo. Tal vez por eso es que las andanzas de Don Quijote demandan la reescritura del cristiano cuya letra certifica la legitimidad de la historia. Después que el capitán termina la historia verdadera de su cautiverio, el oidor, para más señas su hermano, entra en la venta y Don Quijote lo recibe informándole que, no hay incomodidad en el mundo que no dé lugar a las armas y a las letras. Don Quijote concluye su discurso de bienvenida afirmando que, aquí hallará las armas en su punto y la hermosura en su estremo. Don Fernando, el noble, es omitido pero la república, castillo, venta o escena, que todo perece ser lo mismo, está completa pues es justa, está en paz y es bella. Al concluir el recuento del cura que reúne a los hermanos, el narrador nos dice que, Don Quijote estaba atento, sin palabra, considerando estos tan estraños sucesos, atribuyéndolos todos a quimeras de la andante caballería. Como sabemos, los estraños sucesos de los que habla el narrador es el relato que don Fernando califica de, peregrino, raro, y lleno de accidentes que maravillan y suspenden a quién los oye. Hago todo este tedioso preámbulo, mi locura es veloz pero mi juicio trabajoso, para llegar al momento en que Don Quijote hace las atribuciones que parecen identificar, colocar y reunir la experiencia del cautivo en el espacio que ocupa la propia. Probablemente, el momento resume la fábula buscada y escrita por el deseo. El instante parece especular pues si tenemos un letrado y muchas bellezas, incluso una ajena que sin embargo quiere ser María, tenemos dos hombres de armas: Don Quijote y el Capitán Cautivo. Curiosamente, si la narración colma las heridas del tiempo fundando la anagnórisis, por su parte, las cicatrices, que la narración aventurera imprime, también parecen fundar otro nivel de reconocimiento pues creo que Don Quijote desea examinarse repetido en la persona y la experiencia del cautivo. Algo parece ocurrir. Una serie de sentidos parecen desatarse pues Don Quijote escruta porque busca cierta huella pero también el presente que el encuentro, la imagen, parece condensar. El examen, la crítica, parece acercarlo a una especie de concreción temporal donde el pasado que busca se revela como presente. De esta forma la autocrítica, como el acorde en Verdi, parece interpretar una anacronía del pasado por una posibilidad del presente. De acuerdo con George Didi, la imagen dialéctica es la imagen del pasado que entra en una conjunción fulgurante e instantánea con el presente, de tal modo que ese pasado sólo puede ser comprendido en este presente preciso, ni antes ni después; se trata entonces de una posibilidad histórica del conocimiento. Paradójicamente, la imagen dialéctica se da así como la memoria de un olvido reivindicado. Imagen de pasado pero también conflagración personal que parece fragmentar la imagen. Pero los deseos así desembozados más la voluntad inquebrantable, precisamente, de esos deseos arcaicos materializan su hacer: Don Quijote, verificado por el leitmotiv, es radicalmente real y son nuestros juicios, nuestra existencia de mirantes de la realidad extraordinaria la que queda descalabrada y cuestionada. Yo, por mi parte, ni siquiera puedo soñar a Don Quijote, para entreverlo tengo que leer las aporías representativas articuladas por Cidi Hamete o Cervantes. Acaso este deseo mío, nuestro, entrevisto y escenificado en el libro sea mi, nuestra, imagen dialéctica en acción.
[PREGUNTA DE JRV: CUANDO DICES GEORGE DIDI, ¿TE REFIERES A GEORGES DIDI-HUBERMAN?]
DE ANA MATEOS:
Si se lee la historia del capitán cautivo teniendo como telón de fondo y criterio comparativo, la historia de Don Quijote, y mas concretamente su discurso sobre las armas y las letras, se pueden apreciar interesantes contrastes. Por un lado la visión de las armas propuesta por DQ bastante “romántica” si por ello se entiende, alejada de la realidad concreta de una vida dedicada al ejercito, es puesta en entredicho por la natación del capitán quien, nos ofrece una narración minuciosa y “realista” de sus experiencias en el ejercito. El hecho de que figuren nombres de personas, situaciones que acontecieron en el momento de la vida de Cervantes, avala el realismo de esta narración. Pero a la vez el hecho de que el principio de la narración del capitán cautivo comience como lo hace la narración de la vida de DQ invita a pensar que tal comparación puede extenderse al proyecto mismo que esta siendo llevado a cabo por DQ, y no solo a su discurso de las artes.
Por qué ha elegido a Zoraida, como elemento de la novela? La mujer podría haber sido de cualquier otro lugar. Pero, Cervantes la escoge musulmana, y además la envía a uno de los lugares donde, como dice Francisco Rico en las notas, se las daba de tener la población menos mezclada racialmente, las montañas de León.
Ife comenta, como Cervantes en la segunda parte, capítulo 54 hace una crítica de la expulsión de los moriscos de España en 1609. Yo creo que quizás la elección de Zoraida se pueda entender como parte de esta critica.
Sin embargo Cervantes es alguien que participó en la guerra y que vio como se torturaban a los cristianos, y sorprendentemente no tiene animo de revanchismo sino que parece abogar por la integración de los musulmanes en la sociedad española del momento. Qué es lo que le lleva a Cervantes a defender la integración de los musulmanes como parece que lo hace?
Por qué elige Cervantes mujeres para de algún modo cambiar ciertos elementos del comportamiento social o de la narración del comportamiento social (como vemos también en Dorotea)? Que papel juega aquí el amor –y de qué manera se entiende—como vehiculo de transformación social?
Algunos pensamientos:
1. Las armas y las letras: Se puede interpretar la historia del cautivo como aporte a la aseveración de Don Quijote que las armas son superiores a las letras. Pero cuando llegamos a la mesa de cenar de la venta, en la cual oímos la historia del cautivo, hemos (como lectores) leído una larga serie de capítulos que no hacen nada más que compilar historias. Las aventuras del cautivo, a su vez, cobran valor en cuanto se convierten en narración, contada de sobremesa. Don Quijote mismo lleva a cabo sus aventuras riesgosas, seguro en su creencia que, a corto plazo, serán contadas a Dulcinea por parte de las personas socorridas por él y que, a largo plazo, serán puestos por escrito en forma de libros de caballería. Así que las letras subyacen el mundo de las armas; las armas cobran sentido y valor por medio de su narración oral o escrita. Lo que es más: la figura del traductor—él que domina no uno sino dos lenguas—tiene una importancia enorme en la novela. Sin el traductor, la historia de Don Quijote quedaría en fragmentos, y el cautivo todavía estaría preso en Argel. ¡Vivan las letras!
2. Hay una gran diferencia entre la historia de las hazañas de Don Quijote y la de las aventuras del cautivo: la primera está contada en tercera persona y la segunda en primera. Todo lo que aprendimos de Don Quijote está filtrado por las palabras de una tercera persona. El martes comentamos en clase (en realidad el profesor comentó pero yo tomé apunte) que el término ‘ironía’ proviene de una palabra griega que quiere decir ‘distancia.’ El narrador nos distancia de la subjetividad de Don Quijote—a quién todas sus acciones tienen todo el sentido en el mundo—y nos da la perspectiva de un espectador bastante crítico. Esta distancia produce mucha de la gracia de la novela. El cautivo tiene la suerte de poder narrar su propia historia; como podemos esperar, se representa de manera bastante positiva. Como señala Xiao, Zoraida no tiene la capacidad de contradecirle y apenas enuncia palabra alguna. Si entendemos ‘Don Quijote’ como una novela que se dedica a reflexión meta-literaria—lo cual me parece correcto—la historia del cautivo nos permite apreciar diferentes condiciones de narración, es decir, estar a cargo de narrar la historia de uno mismo comparado con estar a la merced de la palabra del otro como es nuestro pobre DQ.
Aclaracion de Ana Mateos:
1. con lo de las “torturas de cristianos”, me referia a como Cervantes a traves del capitán cautivo da cuenta de lo mal que lo pasaban los cristianos cautivos, y que seguramente hace referencia a la propia experiencia personal de Cervantes. (Obviamente los musulmanes en eso no eran peores que los cristianos).
2. Con lo de la “integración” de musulmanes, me refiero obviamente a una integracion muy limitada ya que pasa por su conversión al cristianismo. De todas maneras Cervantes parece abogar por la mezcla de sangre, tema quizás algo innovador (no sé) para su época ya que vemos como Sancho por ejemplo recuerda constantemente que es un cristano viejo.En este sentido podemos contraponer los cristianos viejos como DQ con la nueva visión propuesta por el capitán cautivo.
3. Don Quijote hace una narración de las armas y las letras en primera persona, como lo hace el capitán cautivo. Estoy de acuerdo con Karen (y me parece genial su idea) de que quizás no es legítimo comparar la vida de DQ con la del capitán cautivo ya que una se realiza en primera persona y la otra en tercera. Sin embargo ambas narraciones, la del las armas y las letras, y la del capitán cautivo, son realizadas por los interesados y despues puestas por escrito por el narrador. Y quizás en esta medida sea posible compararlas. De todas maneras (y siguiendo la idea de Karen de distinguir las formas de narraciones) es cierto que la narración de DQ es más bien una narración teórica mientras la narración del capitán es más biográfica.
Pienso que podemos ver el capitan como la representacion fisical del estado de mente de Don Quijote. Es decir: Que es un capitan?? Una persona que mantiene la tranquilidad de un estado durante los tiempos de paz o quien defiende el honor de un estado durante tiempos de guerra. Pero, como el capitan esta cautivo, es inutil y incapaz de hacer su trabajo. Al mismo tiempo, podemos ver Don Quijote como el cautivo, no de algo fisical, pero de su fantasia mental. Asi en este estado, es incapaz de vivir su vida normal o alcanzar su propio proposito. Entonces, los dos estan en el mismo estado de esclavitud pero uno es un esclavo de su mente y otro de barreras fisicales.
La aventura del cautivo provee un contraste a la jornada de Don Quijote. Este cautivo ha hecho lo que Don Quijote anhela hacer, pero en el tiempo presente. Es decir, Don Quijote esta creando un nuevo espacio para la caballería dentro de su mundo presente, pero esos tiempos de la caballería son algo del pasado. El cautivo sin embargo, hizo lo que Don Quijote trata de hacer pero dentro de las normas sociales de este tiempo. Claro su princesa Zoraida no es la típica princesa, pero su aventura del cautivo si ocurre dentro de el tiempo presente. De manera que el cautivo hasta cierto punto ya ha realizado mucho de lo que Don Quijote ahneal hacer.
Comentario de Allen
Aquí sólo quisiera poner por escrito algunas observaciones acerca del capitán cautivo y su papel como ‘imagen dialéctica’ de don Quijote—si por ‘imagen dialéctica’ entendemos un personaje que sirve de espejo al protagonista y dialoga productivamente con él. En efecto, la vida del capitán es una versión invertida de la de don Quijote, y no sólo por la similitud de sus frases iniciales. El capitán lleva una vida que don Quijote sólo puede imaginar: lucha contra enemigos feroces, libera a soldados presos, y salva a una doncella, y todo eso en un escenario lleno de exotismo y peligro. Más aún, lo que impulsa al capitán a emprender una aventura (la evasión) es, como en el caso de don Quijote, la lectura—aunque aquí, por supuesto, no se trata de libros de caballerías sino de una carta de amor. El capitán, como don Quijote, es lector, y por lo que parece, es un lector mucho más competente, porque la lectura lo lleva a emprender una aventura sensata. Tal vez sería mejor decir que en el mundo del capitán, la lectura no presenta los mismos problemas que presenta para el Caballero de la Triste Figura. Don Quijote, como ha dicho el profesor, lee literalmente los libros de caballerías, intrepretándolos como textos históricos. En el mundo del capitán, esa ‘mala lectura’ casi parece imposible, aun dada la peculiar situación lingüística en que se desarrolla su historia. A pesar de que la carta de Zoraida está escrita en ‘lengua morisca,’ la traducción no presenta grandes problemas, y no hay peligro de que el capitán interprete mal las intenciones de la autora. Más tarde, cuando logra hablar con Zoraida y su padre, la comunicación—otro tipo de lectura, a fin de cuentas—no es difícil, gracias a una mezcla de castellano, árabe, y turco con la que los tres se hacen entender.
En el mundo del capitán, todo es lo que parece ser. No hay errores, ni malentidos, ni engaños. Es más, los que se encuentran en la venta ven, a través de las sucesivas anagnórisis o reconocimientos que se producen, un vínculo entre la vida real y lo que cuenta el capitán. A diferencia de don Quijote, que en su lectura de libros fantásticos se ‘reconoce’ erróneamente como caballero andante, los personajes que escuchan al capitán se reconocen—literalmente—en su historia. Aquí no hay diferencia entre la historia contada y la realidad vivida; es la realidad no problematizada.
El contraste entre los dos ámbitos es evidente. El capitán vive en un mundo novelesco, casi inverosímil, en que la aventura y la casualidad forman parte de la experiencia cotidiana; don Quijote vive en un mundo quizá más aburrido pero a fin de cuentas más creíble. ¿De que sirve este contraste? ¿Hemos de preferir las aventuras del capitán, que son verosímiles porque el mundo en el que se desarrollan es ya de por sí novelesco? ¿O preferimos las hazañas de don Quijote, heroicamente emprendidas en un mundo donde ya no son posibles?
El capitán cautivo es un claro ejemplo de lo que las armas pueden hacer del hombre. Aunque el relato del capitán cautivo incluye actos heroicos que respaldan lo bueno de las armas, la experiencia personal de Ruy Pérez de Viedma es de gran contradicción. A él, las armas le trajeron más desgracias que honor y felicidad. De esta manera se podría relacionar con el discurso sobre las armas y las letras de don Quijote. Don Quijote maldice las armas por su crueldad en quitarles la vida a los combatientes. En el caso del capitán cautivo, él pierde su vida en una forma diferente. No se muere pero sí se aleja de su familia, queda atrapado por mucho tiempo en una tierra desconocida, es maltratado, huye de muchas situaciones peligrosas, no tiene dinero ni algún otro objeto de valor…en fin, no es una persona con una vida estable ni envidiable. Con todo lo que ha vivido creo que para él las armas equivalen a desgracia.
Es importante notar que enseguida del discurso de don Quijote y su maldición en contra de las armas aparezca el capitán cautivo. Obviamente no es una coincidencia que precisamente la narración del capitán cautivo siga después del discurso de armas y letras. Parece que es una forma de dar un ejemplo de lo que le puede suceder a los que siguen el camino de las armas (lo cual con la historia del cautivo sugiere que sólo traen desgracias). Enseguida, también nos presentan al oidor que es el representante de las letras. Al contrario que el cautivo, al oidor parece haberle ido bastante mejor en su vida. Esto es una forma de enaltecer el papel de las letras y de subordinar el de las armas.
En su discusión de las armas y las letras Don Quijote me parece más un filosofo que un caballero-andante. Su motivación esta basada en los valores caballerescos y, como no separa la realidad y la ficción que lee en sus libros de caballería, no puede separar los valores y el acto de ser caballero. El caballero andante esta gobernado no por un rey sino por las leyes caballerescos. En este manera el caballero es una figura ideal que contraste con la realidad de que describe el capitán cautivo, controlado por los caprichos de su rey. La caballería (en la forma que la imagina Don Quijote) es la forma más pura de perseguir una carrera de las armas. Pero el capitán nos muestra que este manera de impartir valores desde el punto del puñal no será tan exitoso como Don Quijote creía. En el otro mano, las letras expresan una verdad que tiene el poder de persuadir basado en el honradez de los sentimientos expresados sin la complicación de la violencia. Por este diferencia fundamental pienso que Don Quijote en realidad es mas un hombre de las letras por que sus palabras son mas persuasivas que sus acciones.