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FebEl Quijote y la teoría
El texto de hoy promete ser largo. Haré lo posible por contenerlo en los límites de lo razonable.
1. Planteamiento: El Quijote es una obra que explora, al mismo tiempo, dos campos (entre otros). por un lado, la actividad poética, el oficio creativo, y todo aquello que supone hablar, en términos metafóricos, universales, literarios, de los problemas y asuntos que nos preocupan a las personas (desde el amor hasta nuestro sentido en este mundo, la religión y la política, la vida social, la diferencia, qué sé yo); así, el Quijote es un análisis poético, literario, estético, de problemas de esta envergadura. Por otro lado, el Quijote también se pregunta algo muy importante, que es, a saber, cuál es el significado y la importancia de desarrollar la actividad creativa y literaria que está llevándose a efecto; dicho de otro modo, se cuestiona, desde la teoría, todo el universo de supuestos, teorías, conceptos, etc., que le llevan a componer la obra y a situarla en el panorama de las tradiciones literarias, sobre las cuales también emite reflexiones teóricas muy diversas.
2. Cuestión: Naturalmente, ¿por qué Cervantes construye esta obra que es, al tiempo, una exploración literaria y una exploración teórica? ¿cómo lo hace? ¿de qué modo dialoga con sus modelos -en este caso teóricos? (¿cuáles son éstos? es importante conocer, al menos, una parte de los datos) ¿Qué aporta a esta discusión teórica? ¿Qué puede aportar a los problemas teóricos un planteamiento literario como el del Quijote? (en el supuesto de que esta pregunta esté bien planteada, que, probablemente, no lo está, pero ahora mismo no sabría cómo plantearla).
3. Empecemos por el principio, al menos en la medida de nuestras posibilidades.
Primero un detalle razonablemente importante desde mi punto de vista. En los orígenes de la teoría literaria occidental se produce una divergencia de opiniones que ha tenido un cierto éxito crítico. Por un lado, brilla con una intensa luz el momento en el que Platón, en la República considera que los poetas trágicos deberían ser expulsados de la ciudad (polis) ideal. El tema es mucho más complejo, puesto que más que una expulsión, lo que plantea es una dialéctica de la utilidad de la narración, de la mentira y de la imitación, dando lugar a múltiples soluciones diferentes. No obstante, esta idea platónica tuvo un cierto peso en Occidente, y, en particular, en el Occidente cristiano, en que se usó ese mismo argumento para fomentar la lectura de las sagradas Escrituras, a cambio de la lectura de los textos paganos (desde, por ejemplo, San Agustín en De Civitate Dei hasta San Basilio en De Libris Gentilium Legendis).
Al otro lado de Platón se sitúa la importancia fundamental de Aristóteles en la construcción del pensamiento teórico Occidental. Entre sus múltiples obras, nos ha llegado un texto suyo bastante extraño que él tituló Perí Poietiké, y que literalmente querría decir algo así como Sobre la Creación. El verbo póiein, sobre el que se funda la palabra "poética" significaba en el griego de Aristóteles "hacer", "fabricar". Lo usa, dice, porque aquello de lo que va a hablar, que es la "imitación con palabras" no tiene nombre, y decide darle simplemente ese, "creación", poética. Decía que se trata de un texto extraño. Leído sobre la mesa del escritorio, es un texto seco, desordenado y fragmentario, y además se diría que le faltan partes (por ejemplo dice que va a hablar de la comedia, pero no llega a hacerlo, y anuncia muchos otros temas que no llega a desarrollar nunca). Probablemente, la razón resida en el hecho de que no se trata propiamente de un libro, sino más bien de un proyecto en marcha, sobre la base de clases dictadas por Aristóteles en el perípatho, la academia privada que regía. Es cierto que la fragmentariedad de la Poética destaca frente a la extraordinaria organicidad de sus otras obras, y, en particular, de las obras que se transmitieron con ésta bajo el término general del Órganon, es decir, el conjunto de obras dedicado a la lógica y dialéctica, la retórica, la lengua y la poesía. Comparado, por ejemplo, con la Retórica, que es una obra totalmente redonda, la Poética parece, como he dicho, un trabajo todavía en torso. Si se hace un pequeño ensayo, sin embargo, la obra recupera una gran parte de su comprensibilidad: leyéndolo en alto e intentando imaginar una escena más o menos interactiva, es algo más sencillo de comprender.
La Poética de Aristóteles plantea numerosos problemas que, desde luego, no voy a tratar aquí. Ya hemos hablado anteriormente de cómo se refiere a la distinción entre historia y poesía, que es una parte central. Por otro lado, habla muy en particular de la tragedia, en tanto que imitación de personas y acciones eminentes hecha en un estilo alto y sublime. Habla de las llamadas "partes cuantitativas" de la tragedia, es decir, las divisiones fundamentales del momento dramático. Tampoco esas me interesan ahora. Lo que me interesa es su desarrollo (breve pero intenso) de las llamadas "partes cualitativas" de la tragedia. Estas son, en breve, las siguientes: Fábula (imitación de las cosas que suceden en la realidad), Caracteres (aquello por lo que los personajes actúan), Elocución (expresión adecuada de los caracteres en escena, y que, como he dicho, se vincula a un estilo alto, y por eso, dice Aristóteles, se sirven de la metáfora o de una lengua que a veces, por su dificultad de comprensión, parece extranjera, y que les está permitida a los poetas), Organización de los hechos (de acuerdo con un planteamiento, un nudo o peropecia y un desenlace), y un Pensamiento (las definiciones aristotélicas a este respecto no son demasiado claras, así que lo más claro es la comparación que hace: el pensamiento es a la tragedia lo que son los discursos a la política y a la retórica). Aunque a Aristóteles le interesa mucho el auditorio (véase el libro III de la Retórica), poco habla de él en términos particulares; lo que más le interesa el el proceso de interacción entre la escena y el auditorio que da lugar a la katharsis o purificación a través de las emociones.
Más allá de Aristóteles, la teoría literaria o poética de la época de Cervantes da mucha importancia también a otros autores. Quizá el más señalado de todos sea Horacio, que en una carta dirigida a los Pisones (miembros de una familia romana), conocida simplemente como Epistula ad Pisones o Ars Poetica, expone unas cuantas ideas más o menos organizadas acerca del oficio poético. No hay que buscar en esta obra, tampoco, una voluntad tratadística u orgánica. Se parecen más a una obra casual, llena de detalles, de literatura e incluso de humor, dirigida a unos jóvenes que quisieran imitar la carrera del poeta venusino (es que era de Venusia). Allí, pues, habla de muchas cosas, pero, sobre todo, de problemas relacionados con el estilo (decoro -apropiación del lenguaje según los personajes-, brevedad -que genera oscuridad- frente a perspicuitas -que general claridad-, etc), con el significado del oficio poético, etc. Quizá la parte más importante es su discusión acerca de tres dualidades sobre el significado de la poesía. La primera es la oposición ingenium-ars, es decir, si la actividad poética es un bien innato o si, por el contrario, se relaciona con artes y técnicas concretas. La segunda es la oposición res-verba, es decir, la discusión de si la poesía ha de centrarse en el tratamiento de temas (res = cosa) o si, por el contrario, el campo de batalla de la poesía es el lenguaje mismo (verba = palabras). La tercera oposición es docere-delectare, es decir, si la poesía tiene como objeto la instrucción y enseñanza o si su misión es producir placer y deleite. Horacio discute las tres oposiciones para llegar a síntesis que, según su consideración, son mejores que la oposición misma.
Otros tratados poéticos tuvieron también una gran importancia, como varios de los tratados retóricos (Cicerón, Quintiliano, etc.), tratados sobre estética filosófica (el pseudo-Longino Sobre lo Sublime), y otros. Pero por el momento estos nos bastan a nosotros para poder seguir adelante.
4. Casi todas las épocas con un interés teórico declarado y fundamental han tomado como misión volver a comentar las obras fundacionales. Sería demasiado extenso explicar aquí hasta qué punto es así. Sin duda fue lo que sucedió a fines del siglo XV y durante el siglo XVI. Un puñado de jóvenes poetas quieren hacer una gran revolución poética y teórica, y se dedican a ello en cuerpo y alma. Por un lado, se dedican a cazar libros que les saquen del canon algo esclerotizado en el que se han educado. Por otro lado, toman como punto de referencia un diverso concepto de la lengua, tanto si la que usan es la latina (para lo que buscan modelos en la lengua latina clásica, y no en el latín medieval) como si es la vulgar (y emprenden una fecunda investigación sobre las posibilidades creativas de su propia lengua). En tercer lugaar, buscan también una nueva forma bibliográfica, que empezará con el cultivo de una letra manuscrita mucho más redondeada y clara que la que se usaba en las escuelas (se usaban variedades de la letra gótica, a la que ellos oponen la letra llamada humanística), y que dará lugar al desarrollo de una imprenta que produce libros mucho más nítidos, más pequeños y manejables, más cómodos de leer (por ejemplo, la imprenta veneciana de Aldo Manuzio entre 1499 y 1515, que es el pionero en esta tarea -recordemos los libros que hemos visto en la Bancroft).
Estos mismos jóvenes deciden volver a leer a sus modelos. Traducen a Aristóteles (por ejemplo, son famosas las traducciones de Robortello, Riccoboni y Castelvetro) y los someten a un nuevo comentario, explorando el modo en que aquellas teorías del clásico griego pueden volver a ser pensadas. No estiman que uno pueda sencillamente aplicar los conceptos aristotélicos sin más, pues, para empezar, los géneros poéticos de los que quieren hablar son muy diferentes. Pero sí consideran que a partir de aquellos conceptos puede establecerse un vocabulario más completo, complejo y extenso que les permita comprender el interés de la actividad poética, y analizar sus significados, sobre todo, desde el punto de de vista de la construcción literaria, de la producción del texto. No sólo hay traducciones y ediciones, sino también comentarios independientes, en los que se trae a colación a muchos otros teóricos, aparte de Aristóteles, y se analizan muchos textos literarios. Algunos de los comentarios teóricos más influyentes son los de Minturno, Scaligero, Giraldi Cinzio o Tasso en Italia, y, en España, el de el Pinciano, Sánchez de las Brozas o Cascales. En todos ellos, aunque el punto de referencia es Aristóteles y Horacio, sobre todo, se hace un tratamiento mucho más extenso de la teoría literaria de acuerdo con necesidades, iniciativas, géneros e ideas que se están creando en el siglo XVI. Son textos muy leídos, muy conocidos, y muy discutidos. Igual que sucede hoy con la teoría, había mucha gente que aunque no los hubiera leído, sabía de qué iban y tenía, seguramente, opiniones fuertes al respecto (incluso en el caso de que ni siquiera les hubieran visto la encuadernación).
Cervantes era, al menos en apariencia, un buen conocedor de esta tradición, y, además, le preocupaba extraordinariamente el diálogo y la discusión que se mantenía en el interior de la misma.
5. Esta es una de las razones por las cuales Cervantes se lanza a esa doble investigación, literaria y teórica, en el Quijote (y no sólo en el Quijote). Como ya sabemos, la novela es, para él, un espacio en el que numerosas personas se detienen a discutir sobre numerosos temas diferentes. Uno de los más frecuentes se puede relacionar con esta cuestión: no interesa saber sólo lo que se cuenta, sino también cómo se cuenta y cuál es el significado de querer contarlo así. Cervantes se interesa por las diferencias entre historia y poesía, así como por la relación de la poesía con las artes. Le interesa hacer discutir a sus personajes en torno a partes cualitativas de la imitación, acerca de la imitación misma, acerca de la creación de los personajes, de su verosimilitud y credibilidad, de las razones por las que actúan, de sus posiciones políticas y de la retórica que usan. Le interesa saber si el placer es suficiente razón para poder dedicarse a escribir literatura, y un millón de cosas más. En resumen, le interesa la teoría.
Pero quizá podríamos decir que lo que lo cambia todo son dos aspectos que no pienso desarrollar aquí, sino que dejo a su reflexión. La primera es que todo eso no viene presentado en el embalaje de un texto teórico, ni sujeto a las reglas más bien estrictas de la tratadística filosófica. Sino que busca la libertad del enfrentamiento que le permite el acto creativo, y, así, diseminarse en múltiples voces, ponerlas a debatir, sin que podamos decir a ciencia cierta si él pensaba más bien esto o más bien lo otro. Cervantes nos introduce en la teoría a través de la literatura, de la metáfora, etc. Y por otro lado, hace algo que no deja de tener mucha importancia. Se cuida de los receptores, pero no en un sentido general, sino en muchos sentidos particulares: varias personas leen o escuchan un mismo relato, pero cada una de ellas actúa de manera muy diferente tras haberlo escuchado. Nos quiere introducir no sólo en una escritura desatada, sino también en una recepción múltiple y encontrada que desafía a todas las afirmaciones sobre las intenciones de autor.
Y con esto creo que es suficiente por hoy.
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