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MarUn poco de música
Ayer tuvo lugar el concierto. Jordi Savall, Montserrat Figueras, Hespèrion XXI y La Capella Reial de Catalunya interpretaron algunos de los romances sobre los que el Quijote va estableciendo variaciones, viajando hacia las memorias culturales, excitando evocaciones, creando, también, imágenes dialécticas. Sé que algunos de ustedes pudieron asistir. Imagino que habrán disfrutado tanto como disfruté yo mismo.
He de confesar que aún me siento muy emocionado, y que mi cabeza hierve en momentos musicales, así como en la manera en que los músicos se comunicaban entre ellos, con nosotros, y también con la historia misma que estaban contando. Aunque había escuchado medio centenar de veces el disco, la epifanía musial se presentó sin avisar en la actuación en vivo.Es difícil reflexionar tan pronto acerca del significado de este espectáculo. La mayor parte de las experiencias sirven sus impresiones poco a poco, para ir degustándolas con el tiempo.
En uno de los libros de teoría estética que se discutieron durante el siglo XVI, un libro griego de período helenístico que se titula Sobre lo Sublime (Perí Hypsous), el autor, al que se conoce como pseudo-Longino, define lo sublime simplemente como "aquello que no se puede olvidar". Es una definición muy hermosa, puesto que deposita la belleza en la memoria, y ésta no sólo recuerda la cosas, sino que también las transforma, las actualiza, las saca a la luz en los momentos necesarios, y, en suma, nos permite volver a degustar lo bello, polifacéticamente, a lo largo de toda una existencia.
Lo bello se impone, largamente, pero con delicadeza, casi con el silencio de lo inesperado. Sin duda tanto yo como quienes pudieran asistir al concierto comprenderemos mejor lo que sucedió en el escenario una vez el tiempo haya ido situándolo en los impulsos culturales y vitales.
Es lo mismo que, si lo pensamos bien, sucede con el propio Quijote: se mantiene más allá incluso de la memoria individual, es al propia cultura universal la que no puede olvidarlo, la que lo transforma una y otra vez, lo interpreta como si palpitara una necesidad acuciante de volver a vivir lo sublime.
La interpretación de nuestros músicos (puesto que ahora ya son nuestros), ¿qué puertas a la comprensión nos están abriendo? ¿de qué modo nos invitan a volver a entrar en el Quijote por alguno de sus múltiples pasadizos? Se han introducido en la propia memoria del Quijote: ya no podremos (nosotros, al menos) leer "media noche era por filo" sin recordar las cuatro notas del Romance del Conde Claros; ya no podremos ver la conversación entre don Quijote y el primer ventero sin referirnos al romance "Mis arreos son mis armas"; ya podemos tener en nuestra memoria cultural aquella memoria que comparten don Quijote y su vecino cuando, caído el caballero, es luego llevado a su casa a los gritos de la historia morisca de Abindarráez y don Rodrigo de Narváez. Eso, entre otras muchas cosas, ha cambiado.
¿Qué estaría viendo Arianna Savall desde los barrotes sonoros de su harpa?
El mundo en música. Otra forma de medir el tiempo.
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