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JunGram loquitur, rhet verba colorat, dia vera docet …
Gram loquitur, rhet verba colorat, dia vera docet (La gramática habla, la retórica da color a las palabras, la dialéctica enseña la verdad).
Esas tres materias son la clave de bóveda de la enseñanza medieval. Una cultura que expresaba sus investigaciones intelectuales en una lengua diferente a la materna, y cuya gramática tenían que aprender. Junto a ella, aprendían también los ejemplos gramaticales, los ejercicios de estilo, las estructuras fijas, y, en fin, como señalaba Martin Irvine en un libro magistral, the making of textual culture.
La retórica tenía, también un puesto fundamental y, además, un estatuto único. Era, como indicó en su momento Antonio García Berrio, una ciencia general de la expresividad. Tanto en gramática como en retórica, los ejercicios (de estilo, o sea, progymnasmata o, en latín, praexercitamina) lo eran todo. En parte, esa es la razón por la cual muchas de las estructuras descriptivas, narrativas, metafóricas, metonímicas y, en general, metabólicas o tropológicas, de la Edad Media, nos parecen repetitivas. En ellas no hay que buscar sólo su modelización, sino, también, el momento en el que rompen el modelo, la pequeña fisura que da con el modelo al traste.
La retórica se transmitió a través de dos vías. Una, la vía moral, descendiente de la retórica de Quintiliano (y su carácter ciceroniano) y de la llamada Segunda Sofística (la época de San Agustín a Beda, para abreviar), la otra, la vía aristotélica. La vía aristotélica toma todo su ímpetu en el siglo XIII, cuando, a través de la cultura musulmana en árabe, se transmiten las obras de Aristóteles. Los libros de la retórica se transmiten, como mostró Gilbert Dahan, dentro del Organon de Aristóteles, es decir, juntamente con las obras dialécticas o lógicas, tales como los Topica, Categorías, Analíticos, tanto anteriores como posteriores, etc.
A los escritores medievales les interesaba mucho Aristóteles, pero, sobre todo, les impresionaba su dialéctica. Les resultaba tan fascinante que la utilizaron para todo, incluso pra demostrar la existencia de Dios. O para demostrar la exactitud del principio de causalidad hasta la Metafísica. Literalmente, para todo. Y cuando tienen que pintar a Aristóteles, o describirlo, lo imaginan después de haber pasado toda la noche sin dormir intentando resolver un silogismo.
Para Aristóteles, la dialéctica no siempre daba lugar a verdades. La lógica demostrativa, sí, puesto que proporcionaba una base formal para el pensamiento científico. La lógica dialéctica, que es la que expone en los Topica, sólo se basa en silogismos que dan lugar a probablilidades, pero no a verdades absolutas.
Pero para la Edad Media, una y otra se funden en la dialénctica, y para ellos, la lógica, en suma, se convierte en el espacio racional de la verdad. Todo cuanto es lógico, como decía Hegel, ha de ser real. La realidad siente repugnancia de lo ilógico. Incluso nosotros tenemos este sentimiento.
Así que una buena estructura de pensamiento, una buena figura de pensamiento, está basada en la dialéctica. Y Juan Ruiz no deja nunca de usarlas. El razonamiento jurídico, retórico o teológico es lógico, y se fundamenta en alguna figura, categoría o tópico de la dialéctica.
En resumen, un silogismo categórico es una inferencia simple a partir de dos premisas igualmente simples. Por ejemplo:
- Premisa mayor universal afirmativa: Todos los hombres son mortales
- Premisa menor particular negativa: Platón es un hombre
- Ergo: Platón es mortal.
Si diéramos por sentada o sobreentendida la mayor, entonces estaríamos en presencia de un entimema: Platón es hombre, y, por lo tanto, mortal.
La circunstancia fundamental, en la que se basa la fuerza del silogismo, es que cada una de las premisas tenga valor axiomático. De otro modo, el silogismo no puede tener fuerza, al poderse negar o bien la mayor o bien la menor, como en el siguiente ejemplo:
- PMUA: Dios creó al hombre
- PMePA: Yo soy un hombre
- Ergo: Dios me creó
El planteamiento de la mayor es inexacto o incluso falso, o, en todo caso, está mal planteado. Pero puede dar lugar a sofismas (razonamientos lógicos dirigidos por premisas equívocas, como, en este caso, la utilización del artículo) o a paralogismos (dar por sentado, por ejemplo, que el hombre es creación divina, daría lugar, para los ateos, a una falsa realidad, a una realidad paralógica). El sofisma y el paralogismo son instrumentos útiles para la parodia, como en los siguientes paralogismos encadenados:
1
- Dios es amor.
El amor es ciego. - Steve Wonder es ciego.
Conclusión: Steve Wonder es Dios.
2
- Me dijeron que yo soy nadie.
- Nadie es perfecto.
- Luego, yo soy perfecto.
- Pero, solo Dios es perfecto.
- Por lo tanto, Yo soy Dios.
- Si Steve Wonder es Dios
- Yo soy Steve Wonder
- Conclusión: estoy ciego.
Et sic de reliquis.
Las formulaciones silogísticas son variadísimas. En la escuela medieval se consideran hasta 19 categorías de silogismos, entre aquellos que tienen premisas afirmativas y aquellos que tienen premisas negtivas. La categorización de la dialéctica corresponde a Pedro Hispano (que, por sus fechas, podría incluso haber sido -pero quizá no lo fue- maestro de Juan Ruiz). Es en esa época cuando se introduce la dialéctica en el discurso jurídico, teológico, etc. La fuerza de los argumentos naturalistas o jurídicos de Juan Ruiz no reside en que sean naturales, sino en que se presentan apoyados por la lógica y por la autoridad. Y eso es harina de otro costal.
Descubrir las formas en que Juan Ruiz articula el discurso lógico (aunque no se pueda decir exactamente qué figura dialéctica particular está usando) es fundamental para entender la estructura racional que está usando para convencernos. Y, consecuentemente, para comprender cuáles son las estructuras narrativas que está usando.
Recordemos algo: la dialéctica tiene como correlato a la retórica. La lógica es un lenguaje formal. Es la retórica (y la gramática) la que le dota de contenido, de autoridad, etc.
Ha sido un breve, pero estupendo, placer poder pasar estas horas con vosotras y vosotros. Lamento haber complicado las cosas en algunas ocasiones, y, en cierto modo, lamento haberos metido en este lío, pero pensé que podría seros útil comprender cómo se expresaban las gentes medievales. También lamento si en algunas ocasiones he resultado espeso, confuso o, directamente, ininteligible.
Os deseo toda la suerte del mundo, y, como sabéis, estoy a vuestra entera disposición, ahora y cuando queráis. Dejadme saber cómo os fue el concurso, por favor.
para un curso???
ahá.