26
FebEl museo portátil
Durante tres semanas anduve cazando autorretratos. Falsos autorretratos. Pseudoautorretratos. Formas imposibles del autorretrato. Y creo que obtuve una buena colección. La inmensa mayoría de ellos, exactamente como a mí me gustan, llevan el feliz apelativo de "autoportraits ratés": balances de blancos que hieres los ojos, encuadres nefastos, imágenes irreparablemente movidas, y, sobre todo, un ser que se repite, con las ojeras más profundas que jamás haya tenido. Puesto que cada uno de los autorretratos que deseaba cazar iba acompañado del mío propio. "Raté", en ese caso, es un adjetivo más que adecuado.
Y luego está la cazadora cazada. Una artista que se desliza queriendo pasar de incógnito, hasta que da con su cuadro. Sin duda le pertenece a esta artista en particular. Seguramente lleva meses en un eterno retorno para comprobar colores, proporciones, definición de líneas, adecuación en el tono de la piel y en la profundidad del negro. Lleva su pequeño museo en un enorme bolso y lo despliega cuando cree que nadie está mirando. Lo guarda con urgencia y mira otra vez el cuadro colgado en aquella pared. Hace fotos de detalles. Mira para todos los lados y se va, satisfecha de haberse hecho con un fragmento de color para su museo portátil.