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JanCorrigenda ad ‘Alcina y los pimientos picantes’ (de Fotografías que no he hecho, 2004)
El problema más acuciante en el proceso de edición de las obras del ilustre vate Demetrio de Beocia, cuyas Crónicas de un galápago sin concha vienen siendo editadas por nosotros desde hace algo más de dos años (véase nuestro trabajo en conjunto con el longevo filólogo finés Matt Oussäälen & Pinto Niso, 1999, "Esquisse pour un projet d'édition des oeuvres pas tout à fait complètes de Demetrius de Béoce", Journal of the History of Fireman Ideas, 12, págs. 13-132), es la localización de los manuscritos. Sobre hallarse, cuando se hallan, muy corruptos y deturpados, bien por falta de los componedores, bien por los caprichos de que es conocido el propio Demetrio de Beocia (puede confrontarse acaso el artículo -mortis- de Mam Eluk, originalmente escrito en turco, traducido ahora al inglés "Hiding the Source: Demetrius Boeotius and Hidraulic engineering", Romance Pathology, 3, 18, págs. 8-88). Tras la edición de su Alcina y los Pimientos Picantes (obra fundamental para comprender la ideología pecuaria de Demetrio de Beocia) han aparecido otros manuscritos que solucionan algunas cruces de la edición primitiva. De hecho, se trata de dos códices cartáceos de 18×24 cm, encuadernados en pergamino procedente de la piel de un tambor de regulares. El primero apareció al abrir el séptimo sello de un cofre hallado en una gruta, a la cual se conjuró con el debido respeto a que depusiera su actitud de permanecer cerrada. El texto, en caldeo, ha sido extraído del caldeo y posteriormente secado (puesto que el caldeo estaba lleno de agua), y ahora ya se puede leer en su integridad, pero ni el profesor Oussäälen ni yo mismo permitiríamos a nadie que metiera las narices en él, porque es nuestra investigación propia. El segundo códice nos pareció oportuno escribirlo nosotros mismos y atribuírselo al sabio griego residente en la corte de Alfonso X, y posteriormente lo hemos sometido a la prueba del fuego para comprobar su veracidad. El resultado ha sido que no superó la prueba y se consumió en la pira, lo que es sumamente importante para el catálogo de obras perdidas de la literatura griega del período helenístico publicado desde hace años por un gran maestro.
La lectura de estos nuevos manuscritos, arroja una corrección fundamental. Allá donde nuestra edición leía Biólogo Molecular, debería leerse Biólogo Celular.