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JanOn Hugo O. Bizzarri, Castigos y Documentos del Rey don Sancho (review published in Romance Philology, 2007)
Hugo Oscar Bizzarri, ed., Castigos del rey don Sancho IV, Frankfurt am Main y Madrid, Vervuert e Iberoamericana (Medievalia Hispánica, 6), 2001. 388 págs. ISBN: 84-8449-024-4.
Ya no se estila hacer ediciones críticas. Por suerte, la afirmación todavía no ha llegado a oídos de Bizzarri, que edita, ni de Kerkhof, que edita al editor. De este modo, podremos contestar con un rápido gesto de la mano a la demanda de cualquier Fustel de Coulanges que nos diga “donnez-moi un texte” de los Castigos del Rey don Sancho. Esta aparentemente sencilla empresa resultaba hasta ahora algo difícil; la edición de Gayangos es pre-filológica, y la benemérita de Agapito Rey no está al alcance de todas las bibliotecas, y en cuanto a las transcripciones electrónicas de manuscritos concretos, son sumamente prácticas pero de uso complejo en los territorios pedagógicos o, sencillamente, en el metro (aunque, es cierto, conozco a poca gente que lea los Castigos mientras viaja en metro).
En todos los sentidos, se trata de un libro sumamente técnico. Su propósito es el planteamiento de una hipótesis sobre un texto arquetípico próximo a Sancho IV, dejando aparte la versión revisada y ampliada unos sesenta años después (1353), y representada por cuatro manuscritos (CBSJ), frente a los tres (EAI, éste último codex descriptus que pende de A) que conforman la tradición que parece remontarse a 1293. Fragmentos del texto se conservan en otro manuscrito, G, y un último manuscrito, S, ha desaparecido del globo.
La primera parte de la introducción establece un panorama crítico dividido en cuatro etapas. La primera (1801-1906) comprende las apreciaciones de Ticknor, Amador de los Ríos y la edición de Gayangos, juntamente con los estudios más detallados de Groussac y Foulché-Delbosc. Esta etapa de la “alborada crítica” ofrece como resultado un texto mal comprendido y una edición mixta y acrítica, puesta en tela de juicio, y la determinación de que la versión larga no es obra de Sancho. La segunda etapa descrita por Bizzarri (1922-1952) se centra en la revitalización de los estudios sanchinos por Mercedes Gaibrois y en el descubrimiento de los fragmentos de S, posteriormente perdidos en la Guerra Civil. Arturo García de la Fuente, que preparaba una edición crítica de los Castigos, había preparado ya sus criterios estemáticos, pero fue asesinado durante la contienda. Tras el estudio particular de Wilhelm Berges en su libro sobre los tratados politicos de 1938 (ahora traducido al español en Buenos Aires), los estudios parecieron estancarse, e incluso estudios posteriores al de Berges se remiten a la tradición anterior marcada por Groussac y Foulché-Delbosc. Bizzarri habla a continuación de una etapa de revalorización textual (1952-1990), que da comienzo con la edición de Agapito Rey, la cual establece criterios estemáticos semejantes a los de Arturo de la Fuente (el ms más antiguo es E, base de la edición, del que procede A; BS proceden de C; C ofrece las variantes a la edición de E, así como otras variantes de otros manuscritos cuando tienen valor). Rey también considera que la obra no es de puño y letra de Sancho, sino de alguno de los componentes de su taller. Tras este episodio fundamental, Bizzarri hace referencia a la importancia de estudios como los de Menéndez Pidal, José Carmona y, sobre todo, Richard Kinkade (que analiza la obra de Sancho como reacción al paradigma alfonsino, y le añade nuevos textos que se habrían hecho en su entorno), Lacarra y Lomax, que ofrece la fecha de 1293 para la terminación del libro. Los “nuevos horizontes” invocados por Bizzarri (1992-1997) comprenden dos descubrimientos de sendos manuscritos, uno fragmentario del XV (G), descubierto por el propio Bizzarri, y otro del XVIII, copia de A (I), dado a conocer por Ian Michael, y que iba a ser objeto de edición por parte de Seniff y Keller; de esta época, también, datan las transcripciones madisonianas de B y E y la de A preparada para ADMYTE. Los estudios producidos en el marco de estos nuevos horizontes son también fundamentales, aunque, todo hay que decirlo, magros. Sigue sin haber un gran estudio específico sobre los castigos, sino que estos se tratan en capítulos generales de obras colectivas o en algún capítulo de obras como las de Marta Haro (sobre los compendios de castigo), José Manuel Nieto Soria (una biografía de Sancho IV) y Fernando Gutiérrez Baños (las empresas culturales de Sancho IV). Toda la bibliografía comentada en este rápido esquema se recoge en las páginas 63-67 del libro. Sólo esta bibliografía (con su actualización en Memorabilia 6, 2002: http://parnaseo.uv.es/Memorabilia/Memorabilia6/BiblioCastigos.htm) es un valioso instrumento para enfrentarse a la literatura política de la Edad Media, tema en el que Bizzarri es un consumado especialista.
El grueso de la introducción (pags. 20-62) está dedicado a discutir la distinta fortuna crítica y ecdótica que ha sufrido este cuerpo documental, con objeto de llegar a construir un stemma codicum que sirva de fundamento a la edición. Bizzarri describe con detalle los testimonios manuscritos, y el modo en que se han utilizado para las distintas ediciones y transcripciones (incluso en algunos casos repite verbatim lo ya dicho en las páginas de la primera parte – cf. por ejemplo 34-35 con 11 y 13-15 – ). Lo importante aquí es el establecimiento de una hipótesis que puede resumirse de la siguiente manera: El arquetipo Ω remonta a 1292, y ha dado lugar a dos tradiciones, encabezadas por los subarquetipos α, de 1293 y π, posterior a 1350. Alfa es el nudo del que parten tanto la versión breve contenida en E como una versión reelaborada δ, ambas de mediados del siglo XIV. De esta última deriva el testimonio A, del cual es copia directa I. Por lo que toca al subarquetipo π, es el nudo del que penden la rama β, de 1353 y el testimonio G. La rama β está representada por los testimonios contenido en CBSJ. De este modo, las claves de bóveda de la tradición dúplice están representadas por las ramas subarquetípicas α, de 1293 y β, de 1353. Bizzarri señala que la reconstrucción del texto original es imposible, y se propone la reconstrucción de α a partir de E, con A, “limpio de las amplificaciones” y, donde sea necesario, C y B, con la ayuda del fragmentario G (pág. 61). Termina Bizzarri señalando que la versión favorita de la Edad Media es la que pende de π.
El problema está servido en términos teóricos. Para aceptar este planteamiento, es preciso aceptar los principios ecdóticos de Bizzarri. La discusión sería tan sencilla, y es tan conocida, que traerla aquí a colación resultaría poco original. La hipótesis de trabajo de Bizzarri no es intentar hacer una edición crítica integral de los Castigos, sino ofrecer una edición de una de las ramas de la tradición, α: intenta hacer una fotografía de un texto antes de que éste fuera sometido a una tradición imparable de amplificaciones. La tradición muestra que la historia de este texto es la historia de sus (a mi juicio mal llamadas) interpolaciones y amplificaciones, y que esta movilidad del texto la que justifica su vigencia a lo largo de la Edad Media. Y también la que constituye la mayor parte de los quebraderos de cabeza del editor crítico. Quizá lo más interesante hubiera sido emprender una archiedición, es decir una edición que permitiera comprender el proceso mediante el cual se han ido sucediendo los cambios a lo largo de la tradición manuscrita. Pero eso habría requerido otra hipótesis de trabajo, y, desde luego, ésta habría sido igual de discutible. Lo que es importante notar es que, amplificados o no, interpolados o no, todos los manuscritos corren exhibiendo la función autor de Sancho IV, es decir, autorizados (mediante miniaturas, colofones y menciones de responsabilidad) como obra concebida por el rey, independientemente de las diversas formas de movilidad y variación que presenten sus textos. Para los lectores medievales, tan Castigos eran unos manuscritos como los otros, y tan de Sancho eran los unos como los otros. Eso, obviamente, nos lleva a plantear problemas muy diversos a los de la técnica ecdótica, pero no es éste el lugar de hacerlo.
El texto, como se señaló, es, sin ser, el de E. Bizzarri mantiene la ordenación y foliación de E, pero introduciendo las enmiendas que considera más justificadas apoyándose en los otros manuscritos mencionados. Quizá podría haberse borrado la ordenación y foliación de E, pues, a fin de cuentas, la edición no pretende en absoluto respetar este manuscrito, sino reconstruir el subarquetipo del que deriva. Lo que sí puede decirse es que, a pesar de las correcciones practicadas al texto, Bizzari no ha hecho sin embargo una edición compuesta, sino que ha mantenido hasta donde le ha sido posible su intención de dar cuenta de esa primera versión más breve, y no ha dudado en rechazar las injerencias textuales de la tradición editorial, como, por ejemplo, los problemas planteados en el prólogo o en el capítulo XXXV, entre otros lugares. Para dar cuenta de estos problemas y ofrecer versiones, reelaboraciones o dudas dentro de la tradición que edita, Bizzarri utiliza el espacio de las notas a pie de página, en las cuales también explica variantes y correcciones. Son éstas un instrumento muy estricto pero muy útil.
El libro se cierra con un glosario muy selectivo, y con varios índices particularmente útiles: onomástico, de obras citadas en el texto y de topónimos. Aun más prácticos son los registros finales de temas y subtemas, de ejemplos, de ejemplos bíblicos, de fazañas, de similitudines y de refranes. Las tablas de capítulos y de la edición en general dan cabo al volumen. Algunas imágenes de páginas miniadas del ms 3995 (que habrían podido ser muy bonitas, de no haber sido unas reproducciones nefastas) ilustran el tomo.
A pesar de las muchas o pocas críticas que se puedan hacer a los editores críticos, la edición no es solamente un instrumento utilísimo, sino, a decir verdad, inevitable. Cualquier forma de transcripción de un texto es, ya, una interpretación. La de Bizzarri es una posibilidad teórica y práctica que resulta coherente y que nos ofrece, sin lugar a dudas, punto por punto los pasos y decisiones que ha tomado, y que incluye, en la introducción y en los pies de página, todos los datos necesarios para que nosotros comprendamos el proceso técnico mediante el que ha dado cabo a su hipótesis. Se trata, pues, de una tarea que no sólo confiere seguridad al especialista, sino que también puede ser disfrutada y utilizada por el estudiante que quiere acercarse a esta época brillante, pero a veces apagada por otras luminarias, que es la de Sancho IV y sus proyectos culturales. Gracias a Bizzarri, tenemos aquí, por fin, uno de los más raros ejemplos ejemplarmente ejecutado.
Jesús Rodríguez-Velasco, UC Berkeley ~ Semmycolon. (Romance Philology, 2007)