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JanLibros de plomo (Carta a Tara sobre Anselm Kiefer)
Acerca de la exposición de Anselm Kiefer, Heaven and Earth , San Francisco Museum of Modern Art, hasta el 21 de enero de 2007 (hoy). [Catálogo: Anselm Kiefer, Heaven and Earth, organized by Michael Auping, Fort Worth, Modern Art Museum of Fort Worth, 2006.]
Querida Tara,
Desde que el otro día estiuvimos paseando por entre las ciclópeas obras de Anselm Kiefer, no he podido dejar de pensar en ellas ni un solo instante. Hace sólo un par de días que me sorprendiste trayéndome el catálogo de la exposición, que, en efecto, no fue posible comprar en la tienda del museo, pues ya los habían vendido todos. Pero tú te metiste en la biblioteca, fatigaste los estantes, acudiste a los bibliotecarios, porque alguien había desplazado el libro de su sitio, y después de dos o tres días, conseguiste dar con él para que yo lo pudiera ver, tocar, leer, estudiar, y, en fin, con él, volver a meditar sobre todo lo que desencadenó aquella exposición.
Esto es lo primero que vimos. Un extraño facistol. O un atril para el evangelio. Es lo que yo vi: un atril ilustrado con unas alas del Águila de San Juan. Y en él, un libro de la misma materia que las alas: plomo. Las alas de plomo y el libro de plomo. El catálogo no dice nada en absoluto acerca de esta pieza en concreto. Todo lo que pienso de ella es simplemente lo que ya habremos hablado alguna vez. Un evangelio de plomo, unas alas de plomo, para una obra que tiene el (creo que voluntariamente) insulso título de Buch mit Flügeln (libro con alas).
Kiefer hace libros de plomo. En una de sus obras, 20 Jahre Einsamkeit (veinte años de soledad), además ha eyaculado sobre ellos, los ha fertilizado sobre sus bases plúmbeas; en la descripción de los materiales, junto al plomo y al papel, el artista ha tenido el cuidado de mencionar también el semen. Otros libros los ha colocado en una estantería, rodeados de meteoritos. O los ha convertido en mapas del cielo que esconden la vida secreta de las plantas, y cuyas hojas, por el enorme peso, se van doblando, van perdiendo limaduras, van colapsándose al mismo ritmo en que se colapsa cada sección del universo figurada en cada página de plomo.
Esto es lo que, al respecto de este libro de estrellasplantashojastexto, dice el catálogo a la caza del cual tuviste la gentileza de salir:
Here, the book becomes both seed and universe. Using his signature material, lead, Kiefer materializes the ancient concept of the universe as an immense book. On the dark pages, he has drawn the stars' NASA identification numbers along with lines connecting them, suggesting a system of arrangement and alignment that belies logic and explanation. As part of an indefinable macrocosm, Kiefer's univers experiences the entropic pressure of its own gravity. The weight and malleability of the lead cause the star-flecked pages to gently give way under their own weight, evoking a collapsing universe. (pág. 116)
Pero en realidad creo que todo el misterio no está en la perfección del sistema, en el modo en que se articula cada una de las líneas. Sino más bien en unas cuantas palabras cazadas al azar en boca de Kiefer que nos sobresaltaron tanto a ti como a mí, y en un dato fascinante acerca del material.
Las palabras que a Kiefer le salieron del cerco de los dientes fueron éstas, más o menos: 'en realidad yo lo que quería ser era poeta, trabajar sin materiales.' Ni siquiera hace falta comentar si las palabras son o no son materiales. A un poeta se le puede tranquilamente admirar por inventar el más grande de todos los tropos, a saber, considerar que la lengua es inmaterial. Esa es quizá la más definitiva de todas las metáforas, aquella en la que el lenguaje consigue disfrazarse de nada, pasar inadvertido, y como el más cauto espía en medio de las haces, sembrar una aterradora inquietud. Así, el poeta hace libros, libros, libros. De plomo.
¿Pero de dónde sale todo ese plomo, pesado, maleable y cancerígeno? ¿Qué fue antes de ir a convertirse en libros en las manos de un poeta? La respuesta es tan apasionante que a veces pienso que no puede ser verdad. La Catedral de Colonia. Esa es la respuesta. La catedral más alta de Europa, en cuya torre una vez pasé un miedo atroz, pero nunca se lo dije a nadie, a ninguna de las personas que estaban conmigo. Fingí que no sentía ningún miedo. Yo no sabía que Anselm Kiefer había comprado la techumbre de plomo de la sagrada bestia, tras la restauración que se llevó a cabo a mediados de los ochenta. Kiefer compró todo ese plomo.
Y seguramente se hizo la pregunta crucial: ¿qué libros hechos de poemas inmateriales se esconden en esa catedral? El cielo en la tierra es eso, el cielo raso de la Ciudad de Dios puesto sobre la ciudad terrestre. Había que averiguar todo lo que esas láminas infinitas del más enemigo de los materiales podía encerrar, para sacarlas a una luz de plomo, un cielo de plomo, con alas de plomo moviéndose torpemente para albergar libros de plomo cuyas letras, cuyas palabras, abandonan la materia.
J.
muy bueno lo de kiefer teçriblemente atinados y reveladores los comentarios gracias
sebastian