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JanLa ilusión de un accidente
Trisha Brown en Zellerbach Hall, Berkeley. Cal Performances. 26 de enero de 2006
Una puerta se abre al fondo y se ve pasar a gente. Quizá operarios del teatro. ¿Un simple accidente? El escenario está vestidamente desnudo, los focos aparentes, las bambalinas, toda la estructura para las tramoyas. Simplemente aquella puerta en la que se lee exit en verde, se ha abierto, abriendo así un espacio extraño de comunicación entre los espectadores y los bailarines más allá de la misma danza.
Pero eso ha sido mucho más tarde. Antes, otros mundos han aparecido en el escenario. En el primero de esos mundos, la lógica está tamizada por una pantalla de gasa negra que difumina la precisión de las formas de unos bailarines vestidos en mallas rojas o azules. En la pantalla de gasa es donde se produce la danza principal. Sobre ella se están proyectando, al mismo tiempo, líneas de luz blanca, roja o azul, formando líneas, o figuras geométricas, o funciones de química orgánica, que se convierten, a veces, en un bailarín abstracto que evoluciona con su propia luminosidad, tan grande como la caja escénica. Domina como un gigante antes de volver a convertirse en líneas o en formas, o en nada.
La música es confidencial. El viento. La geometría del silencio. La geometría de la calma. El viento es el sonido mismo del silencio. Dos velas se van plegando y desplegando impulsadas por el silencio. Hinchadas por la calma. En el barco, un conflicto. Entre los espectadores, un conflicto. En el viento, la soledad sonora.
¿Por qué al final tuvo que aparecer la moral?