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20
Jun
Indigo Blue, instalación / performance de Ann Hamilton

"Indigo Blue", de Ann Hamilton, obra ahora instalada en el SFMoMA, es la que inspira este texto. Para mayor información al respecto, el museo ha puesto a disposición una sección en su serie Making Sense of Modern Art.  

Llevo algún tiempo intentando aprender a mirar los manuscritos jurídicos de la Edad Media. A veces, cuando no tengo otra cosa que hacer, o estoy cansado, o me aburro, me siento delante de uno de ellos e intento aprender a leerlo. No es fácil. Hace poco terminé un artículo, que saldrá en el número 2 de Syntagma. Revista del Instituto de Historia del Libro, en el que me enfrentaba parcialmente a uno de ellos. Sobre ese manuscrito empecé a escribir otro artículo que se titula "Why Illuminate the Law?" que aún no estoy preparado para terminar. La dificultad no procede únicamente del texto jurídico propiamente dicho. Es la confluencia en la misma página de texto, imágenes, composición del manuscrito, compaginación, ornamentos, etc., lo que hace que el manuscrito sea difícil de leer.

La estética jurídica. Ese es mi proyecto para los próximos ocho años. El libro de cuando tenga cincuenta años. Cuando cumplí los cuarenta, Enrique me hizo el mejor regalo de cumpleaños que se pueda hacer a nadie: "la vida intelectual empieza a los cincuenta".

Indigo Blue, by Ann Hamilton. SFMoMA.Por ahora, pienso que la estética jurídica es como tomar un montón de ropa de trabajo usada de color azul índigo y recolocarla con orden y método hasta construir una pirámide truncada al frente de la cual un attendant borra pacientemente las líneas escritas de un libro impreso de atrás adelante. El manuscrito jurídico es una instalación y una performance. Parece que puede hablar, pero si hablara más allá de su propia estética, los efectos serían devastadores.

Indigo Blue, by Ann Hamilton. SFMoMA.Es cosa extraña la estética de la instalación y de la performance. Sobre todo cuando juegan a enroscar una serpiente en una montaña y batir el mar, tirando cada una de un lado, como los dioses y los demonios indios, el día que batieron el mar para sacar, primero, un veneno que bebió Shiva, y, luego, a Lakshmi en una flor de loto. El veneno dejó una mancha de color azul índigo en la garganta de Shiva.

Indigo Blue, by Ann Hamilton. SFMoMA.En ese juego de la innstalaciónperformance, el museo se fragmenta y ha de ser redefinido. La instalación/performance pone en duda la propia funcionalidad del museo, y, sin embargo, lo afirma, lo asienta, lo hace más presente que nunca. Igual que la estética jurídica parece hacer desaparecer el discurso jurídico, pero no es más que una trampa que afirma aun más el mismo hieratismo de la ley. El museo lo inunda todo, como la ley parece querer convertir en ley todo lo que toca.

En el Berkeley Art Museum & Pacific Film Archive hay una obra de arte donación de Yoko Ono. Es una urna de metacrilato en lo alto de un pedestal blanco en medio de una sala blanca. En el interior de la urna hay un montón de chapas blancas con un texto en negro: "Imagine Peace". En el pedestal, una cartela indica la procedencia de la obra de arte. Otra cartela indica otra cosa muy diferente: "Please, take one". No se sabe si esa cartela es o no es obra de arte. Si lo es, seguramente su contenido es una trampa. Si no lo es, su contenido no tiene nada que ver con aquello, y en realidad no se sabe cuál es su referente. Entiendo, así, que lo es, que la propia cartela es obra de arte, y que, por tanto, voy a caer en la trampa. Pienso que como soy consciente de que voy a caer en la trampa, estoy salvado. Como si dijera "mi salvación y redención no depende sólo de la obediencia de las leyes y del fundamento místico de su autoridad, sino, sobre todo, de mi conciencia de que al obedecer las leyes puedo mantener mi distancia e ironía respecto de ellas, pues soy consciente del tipo de racionalidad y estética con que me hablan."

Como un oso que ve una trampa para osos y se dice "he aquí una trampa para osos y, puesto que soy un oso, me debo meter en ella; en mi calidad de oso consciente, sé que nada puede sucederme, la conciencia del discurso me redime." Pero (Gumbrecht viene a mis mientes) lo que ese mínimo acto hermenéutico no puede prever es la presencia de la trampa. Au revoir, monsieur l'ours.

Meto la mano en la urna. Saco una chapa. Desengancho el alfiler. Lo paso a través del tejido de mi chaqueta. Cierro de nuevo el alfiler. Abandono el museo. Falso. Ahora soy yo el museo, las paredes del museo, la presencia del museo, el discurso de poder del museo, las cartelas del museo, la performance del museo, la obra de arte se ha instalado en mí que soy el museo. Si alguien me preguntara por mi chapa en la solapa, mi voz sería la del museo, mi discurso el del museo, mi actitud la de haber aceptado las reglas del arte del museo.

Y luego está esa pirámide truncada formada por un montón de ropa de trabajo usada de color azul índigo. Al frente, una mesa (bastante bonita, por cierto; una mesa que me gustaría tener en mi estudio) a la cual se sienta un attendant que borra metódicamente las líneas de un libro impreso, de atrás hacia adelante, con una goma de borrar, dejando las páginas del libro agujereadas, creando un palimpsesto.

El agente humedece la goma con su saliva y luego se dedica a borrar-destruir y hacer palimpsestos. La materia orgánica es parte del arte. En el caso de las obras de arte de Anselm Kiefer era más bien la materia orgásmica, pues en alguno de sus libros de plomo hechos con la techumbre de la Catedral de Colonia había dejado caer su semen.

En teoría, podría acercarme hasta el attendant y hablar con él. Cabría la posibilidad de que él me hablara. Cuando vi la obra, era un él el que hacía de attendant. Pero la cosa cambia cada cuatro horas. Cuatro horas humedeciendo una goma de borrar y borrando un libro con la conciencia de ser parte de una obra de arte instalada en un museo. Podría haberme acercado a hablar con la obra de arte.

Pero el arte no puede hablar. Como los manuscritos jurídicos, si empezara a hablar fuera de su propia performance o en el exterior del espacio en que está instalado, las consecuencias serían devastadoras (¿cómo devastadoras? ¿por qué devastadoras?). ¿Qué sucede en el attendant una vez abandona su puesto como pieza de una instalación / performance y se dirige, sin goma de borrar, con una saliva convencional que sirve para ayudar a la masticación, o para su intercambio con otras salivas de otras bocas, a su propio espacio en el exterior del museo? ¿Sigue participando del aura del museo? ¿Es todo tan simple como una mera función y un orden en el proceso de práctica de un lugar (la pratique du lieu que ordena el espacio, según De Certeau)? El attendant, ¿es como una de las camisas azul índigo que forman la pirámide truncada, y que, extraídas de la misma, vuelven a ser prendas de ropa de trabajo usadas de color azul índigo? Y el nombre, azul índigo, cartela de la obra de arte instalación performance ¿color o estética de un orden del discurso del trabajo deconstruido, amontonado como se amontonaban los cadáveres en los campos de concentración nazis? ¿Hasta dónde llega el museo?

¿Hasta dónde llega la presencia del derecho? 

There are 2 responses to “Indigo Blue, instalación / performance de Ann Hamilton”

  1. ana

    se entiende un nuevo concepto en la percepcion de arte donde tiene todo un sentir de el artista y logra expresar en un instante

  2. yoya

    Félix González Torres te da caramelos, mayor perversión pues. Te tomas el caramelo y el caramelo ya es parte de ti, de tu sangre, tus células, tu cuerpo. Tu cuerpo es ya Museo, un poquito más Museo, tal vez.

    El azul índigo se usaba en la retablistica española solo en los cuerpos mas altos, los mas oscuros, los mas alejados de la vista del común de los creyentes. Porque??, era baratito, si señor. Abajo, en el cuerpo inferior, el más iluminado el más “vistoso” se empleaba lapislázuli, un pigmento semiprecioso con unas características ópticas excepcionales. El cuerpo central otro azul, creo que de Nápoles. Y arribita el pobre índigo. El mismo índigo baratungo con el que, parece, tiñen los monos del currante habitual! (might be!)

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