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21
Oct
Appomattox Court House (National Park) ~ Carta a Enrique

Querido Enrique,

Al principio supuse que se trataba de actores. Nos habíamos acercado al foso para ver los instrumentos -sobre todo un harpa y una celesta- y comprobar el tamaño de la orquesta. Volvimos la vista. Ahí estaban, sentados en la cuarta fila. Ella se pintaba los labios, vestida con un vestido de flores y una toca blanca, como una granjera de mediados del XIX. Él llevaba uniforme de sargento del ejército de la Unión. Perfecto para dos actores de una ópera en la que se narra la rendición de Lee ante Grant en Appomattox Court House.

Grant, de West-Point a AppomattoxA la entrada había un cartel en que se avisaba del uso de armas de fuego durante la representación, así que mi imaginación voló hasta ver a todos estos actores -pensé que habría muchos más dispersos por el patio de butacas y quizá por palcos y plateas- corriendo y disparando en medio de la toma de Richmond. No hay como la imaginación para construir un bosque petrificado vertical.

Al llegar a la toma de Richmond al final del primer acto, me di cuenta de mi error. En verdad, eran espectadores. O, si lo prefieres, eran actores, sí, que estaban cumpliendo con el papel de espectadores. En lo que sí tuve razón es en que había otros como ellos por todo el teatro.

Los miré tan inquisitivamente como pude, buscando un algo de ironía en su porte o en su atuendo. Nada. Para ellos, pensé, es insuficiente escuchar, mirar, interpretar o comprender, o aun cantar esta obra histórica. Lo único que razonablemente pueden hacer es incorporarse a su presencia.

También esperaba que saliera el mismísimo Phlip Glass a escena. O más bien a un pequeño atril que había delante del foso, de espaldas al del director de orquesta. Luego pensé que era preferible que Glass se hubiera quedado en su palacio de cristal. Todo cuanto podía interesarme de él iba a suceder ahí abajo en el foso, y, quizá -sólo quizá- también en escena. Deja que te lo diga ya: el foso fue sublime; la sección de cuerdas vocales dejó más que desear; el director de escena rozó la genialidad; el libretista habría debido hacerse corregir por Vulcano.

Estábamos asistiendo a una de las primeras interpretaciones públicas de la ópera de Glass. Se la había encargado la Ópera de San Francisco, a través del director general, David Gockley. Éste, escribía en el folleto de presentación:

"I have always believed that opera in this country and in this time cannot thrive if it remains exclusively rooted in the past. Its future in America depends upon our creation of a repertoire component that speaks to us as Americans."

No sé si fue él mismo el que sugirió el tema de Appomattox, o incluso el infumable libreto de Christopher Hampton cuando pasó el encargo operístico a Philip Glass. El colectivo de artistas ha formado una sociedad de protección mutua que no impide el extremo divorcio entre la música y el texto. Lo importante, sin embargo, no es esto, sino más bien el modo en que esa sociedad ha concebido la posibilidad de crear un repertorio particularmente operístico ue pueda hablar a los americanos como americanos. O, al menos, a los americanos que van a la ópera. O quizá no es más que una estrategia empresarial por parte de un director general de una empresa para conseguir clientes, en el supuesto de que estos clientes se ven más proclives a asistir a un espectáculo que habla de su historia, que, digamos, a otro en el que se narran las aventuras de un héroe ayudado por un pajarero en el rescate de una princesa.

Grant & Lee (Glass, Appomattox)Y curiosamente esto último me parece que tiene un enorme sentido. It does make sense, for once! Me parece que fue al día siguiente de la representación cuando empecé a poner en palabras algo que en realidad me había cautivado durante la representación misma. La obra da comiendo con la mujer de Grant cantando su deseo de que la guerra civil no vuelva a repetirse. Cuando apenas ha cantado un verso, se une la orquesta con el tema principal, y de inmediato se van sumando, con esa misma expresión de deseo, cuatro mujeres más: la esposa de Lee con su hija, la esposa de Lincoln con su criada (esclava) negra. Cantan durante unos diez minutos, repitiendo ese deseo como un mantra: mientras se está repitiendo el deseo, el hecho no está ocurriendo, así que lo ideal es repetir la expresión constantemente. Los modos musicales, temas, etc., se forjan en ese deseo. La ópera es circular, y en los últimos minutos del segundo y último acto, vuelve a salir a esposa de Grant, esta vez para repetir unas palabras de Lincoln: "lo que ha sucedido, voverá a suceder una y otra vez." El tema principal se disuelve con esas palabras, o, más bien, se para. Baja el telón. Lo que ha sucedido entre ambas expresiones es que se "ha hecho historia".

Se ha hecho historia con la conciencia plena de estar haciendo historia. El encuentro de los dos generales ha de tener lugar en un espacio privado, Appomattox Court House. El propietario, que ha decidido retirarse allí, al "límite de la civilización", para huir de los desastres de la guerra, ha cedido su hogar. Con tensión, en un canto muy consonante, pide a los asistentes de Grant que por favor tengan cuidado con el contenido, porque los objetos están llenos de cosas valiosas. El general Rawlins le dice que "ni comparación con el valor que tendrán cuando hoy hagamos aquí historia."

Tan pronto como termina el encuentro de los generales y el propietario de Appomattox Court House se queda solo, personajes, procedentes de todas partes intentand comprar los muebles y luego, expolian la casa. La historia, en efecto, ha dado valor a los objetos, que, individualmente, fuera de su espacio, podrán ser exhibidos como testigos de la historia que podrán hablar de aquel encuentro.

Hoy, Appomattox Court House es un parque nacional. Una cápsula del tiempo. Pero, como otros parques nacionales o fundaciones históricas de los Estados Unidos, es un lugar donde el mantra se hace carne: cada día se repite allí la capitulación de los Confederados, para que, mientras pueda repetirse en el laboratorio de la conmemoración y del espacio, no haya de hacerse realidad la predicción de Lincoln.

Supongo que tengo más preguntas que respuestas. O, por mejor decir, sólo tengo preguntas, porque, a fin de cuentas, ni siquiera sé en qué particular frontera podrían encontrarse. Ni siquiera he escuchado la música más de una vez. En la oscuridad del teatro, a veces sacaba mi libreta para tomar notas. Ahora no puedo leerlas. El graffiti de Richmond (Sic semper Tyrannis), que es también el texto de la empresa del Estado de Virginia (o, por mejor decir, de la Commonwealth de Virginia) sigue dando vueltas en mi cabeza, junto con los momentos más brillantes de la ópera: la narración de a vida de Grant por su esposa (sólo ellas narran el pasado o predicen el futuro, pero están como fuera del presente en que se está haciendo la historia); el intercambio de cartas entre Lee y Grant, un intercambio que la música hace perpetuo, un perpetuum mobile de cartas que se escriben sin más deseo que el del ritmo de la pregunta y la respuesta; el canto permanentemente disonante del asesino en su silla de ruedas, en que la hybris alcanza a todas las partes del discurso -partitura, escena, canto, actuación…- excepto a la autopercepción, como si no fuera consciente de que va en silla de ruedas -se acaba por levantar de ella-, como si no fuera consciente de que sólo está cantando en disonancias… Todo aquello de lo que o no sabría hablarte o, quizá, me da miedo hablarte, para que no pienses que soy mucho más idiota de lo que pensabas.

Pero, como siempre, disfrutamos. Y luego pensé en qué pensarías tú si hubieras estado allí. Y por eso te escribí esta carta, sin música que me obligara a a hacerlo.

Un abrazo,

J

[Appomattox, de Philip Glass, acudimos a la representación el día 16 de Octubre, en SF Opera. La première mundial había tenido lugar pocos días antes en el mismo teatro y con el mismo reparto, etc. Esta era la cuarta representación. Libretto de Christopher Hampton, puesta en escena de David Woodruff, que, junto con el director, Dennis Russell Davies, fueron lo mejor de toda la representación. Descarga toda la información en pdf, si quieres, pinchando aquí.]

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