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FebLa Banda del Poema (de Alfonso XI)
El capítulo tercero (de la primera parte) es, de hecho, el germen de todo el libro. Cuando imaginé este trabajo por primera vez, no era más que un libro sobre la Orden de la Banda, primera orden caballeresca laica de Europa. Me puse entonces a transcribir los textos manuscritos y a leer la bibliografía.
Muy poca bibliografía, hay que decirlo. Unas pocas piezas del siglo XIX, y luego el libro de Boulton The Knights of the Crown (1986) y el de Ceballos-Escalera y Gila La Orden y Divisa Real de la Banda de Castilla (1993). En los estudios relativos a las órdenes caballerescas y militares, es frecuente que la bibliografía sea una repetición permanente de los mismos argumentos, como si por mucho repetirlos se consiguiera hacer de ellos una verdad inapelable. Umberto Eco hizo una novela con esto (Il Pendolo di Foucault). Con la bibliografía de la Banda sucede algo muy semejante. Es extraordinariamente repetitiva. Tanto, que en ese momento decidí que seguramente no valía la pena hacer el libro. Tenía, por entonces, veintisiete años y vivía en París. Ha llovido bastante.
Pero lo cierto es que hay muy pocos motivos para repetir la bibliografía. De vez en cuando hay que hacer un esfuerzo, por lo general monstruoso, para apartarse de ella voluntariamente y mirarla con desconfianza, incluso con cierto desdén. Por lo común, al hacer eso se aprenden bastantes cosas.
Lo que he estado escribiendo hoy tenía relación con las menciones de la Banda en el Poema de Alfonso XI, obra datable en torno a 1348. Es un poema épico sobre las hazañas reconquistadoras del rey Alfonso XI, y en gran medida metrifica la Crónica de Alfonso XI más o menos contemporánea. Es el lugar ideal no sólo para hacer una gran narración sobre el propio rey, sino también para individuar a sus nobles y caballeros más cercanos, y, por supuesto, a los más atroces de sus enemigos, al más riguroso estilo épico. Por eso es tan extraño que, si la Orden de la Banda tenía la importancia que los historiadores han querido darle, en ese poema tan apropiado para la épica caballeresca, la Banda no se cite más que seis veces en algo así como diez mil (10.000) versos. Resulta casi ridículo.
Cuando se menciona a los caballeros de la Banda se hace de manera elogiosa, lo que indica que el autor del Poema no tenía ningún oculto resentimiento contra la orden en cuestión. Simplemente no veía en ella más que un grupo indistinto de caballeros que guardaban (aguardaban, dice el texto) al propio rey. Un grupo que actúa como tal, como un grupo, como una societas o como una fraternitas, y en el cual no hay ningún elemento que sobresalga de su rigurosa horizontalidad, como no sea el rey mismo. Aunque es de suponer que el rey, en las batallas andalusíes que narra el poema, no llevaba el hábito de la Banda, sino unas sobrevestas y gualdrapas con las armas de Castilla y León. Los caballeros de la Banda, en cambio, llevan el hábito de la Banda, por el cual se distinguen.
Y no sólo se distinguen entre el grupo de guerreros, sino que también son objeto de distinción en la exposición de la jerarquía social que se articula en el poema. Siempre que se alude a los caballeros de la Banda, ésto se hace en último lugar, después de haber citado a los ricos hombres, a los caballeros hidalgos y a los caballeros y peones. Eso indica, por un lado, que el de la Banda es un grupo concreto, es decir que no se confunde con ninguno de los otros, y que los otros no forman parte de la Banda; y por otro lado indica también que ese grupo está, de hecho, fuera de toda jerarquía socio-política, y que sólo puede considerarse en función de su relación directa con el rey. Es decir, exactamente el tipo de relación que pueden tener los caballeros mesnaderos.
Este Poema es fundamental para comprender la Orden de la Banda antes de que se pudiera crear el manuscrito P que contiene el reglamento (y al cual dedico todo el primer tercio del capítulo en cuestión). El Poema es necesariamente anterior al Libro de la Banda (=P). No quiero decir que sea cronológicamente anterior; en términos cronológicos, es posible que sean simplemente textos contemporáneos. Es anterior en el sentido de que el Poema no recoge las innovaciones introducidas en el Libro. El Libro, al contrario que el Poema y al contrario que los textos crónísticos de época de Alfonso XI, individualiza a los caballeros. Mientras tanto, las crónicas y el Poema siempre actúan de modo contrario, considerando a los caballeros de la Banda como un grupo indistinto en el que jamás se menciona a sus integrantes, como si el individuo no tuviera la importancia que tiene el grupo mismo.
Esto es tanto más importante cuanto que tanto el Poema como las crónicas mencionan a muchos (por no decir a todos) los caballeros que aparecen en la lista del Libro, pero en ningún momento dicen que se trate de caballeros de la Banda, sino que se refiere a ellos como ricos hombres o como caballeros en general. Eso quiere decir, seguramente, que el Libro de la Banda supone también una importante transformación del espectro social al que se extiende la Banda, y es esa transformación la que permanecerá vigente durante los ciento y pico años siguientes.
El Poema y el Libro son, probablemente, dos piezas contemporáneas, pero que apuntan claramente a dos versiones muy diferentes de la Banda. El Poema mira hacia atrás, hacia el momento en que la orden se crea en Vitoria en 1330, cosa que sucede fuera de la caballería, sin investidura alguna. Ni siquiera el rey está investido. El Libro, en cambio, ve en la Orden de la Banda un instrumento estratégico para la transformación y el dominio de la alta nobleza (que es la que figura en la lista final), aunque, como el manuscrito, seguramente esa estrategia no es más que una ruina.
una “incomodidad”, a mí me parece que, aunque por momentos tenga “aliento épico”, el Poema de Alfonso Onceno es más bien una “crónica rimada” que un poema épico (pace Vaquero), lo que parece más acorde con la concepción de la poesía “de gestas” en el siglo XIV (las Mocedades como “apéndice” de la Crónica de Casdtilla en el ms. P, e incluso el Cantar de mio Cid, cuyo ms. es seguramente de ca. 1330, como un “monumento” hecho para la conservación de un texto con valor “histórico”, aunque seguramente en este caso, en fechas posteriroes, ca. 1370 -más o menos cuando se componen las Mocedades conservadas-, se usase para la recitación, aunque seguramente ya no para el canto). Bien, en todo caso, esto no afecta para nada a tu argumentación, que me parece totalmente concluyente. Sobre esto, una cuestión: ¿se alude ya en la crónica o en el poema del Onceno al “alférez del pendónm (de la banda)”? Te lo digo por que, de ser así, ese sería un claro argumento a favor de tu planteamiento: el alférez era, desde ca. 1125, el que comandaba la real mesnada (como lugarteniente del monarca, of course), la guardia pretoriana del rey de Castilla; si el cargo de “alférez del pendón” aparece ya en esas fuentes, eso indicaría claramente que esa condición de guardia de corps es ahora representada por los “bandados”. Que además se refiera a un pendón y no a una enseña indicaría también que no se trata del conjunto de la hueste regia, quizá ni siquiera de toda su mesnada, sino más específicamente de los “escoltas” personales del rey.
Tratándose de alféreces, pendones y señas –entramos de lleno en el vocabulario militar– no he podido resistir la tentación de rebuscar en las concordancias electrónicas del Poema de Alfonso Onceno que residen en uno de los rincones del disco duro de mi ordenador.
El término alférez (alfierez, alferze, alferez), aparece con bastante frecuencia en el texto del poema, 2, 5 y 9 veces, respectivamente.
En un principio, las referencias al alférez no se refieren, creo, al alférez real:
El infante, buen varon,
que sienpre fue bien fardido,
fforçolo el coraçon
e dio un ffuerte bramido:
Castilla e Leon lamava
commo un bravo leon;
al ssu alferze mandava
que ffuese con el pendon
e que de muerte non dudase
nin otrossi su mesnada
e el pendon le ayuntase
con la seña de Granada. (13-14)
E guisavanse fijos dalgo
para acometer el juego
el maestre de Santiago
su alferze llamo luego. (203)
Sin embargo, una vez que entramos de lleno en las campañas de Tarifa y Gibraltar, y las batallas del Salado y del Río Palmones, las referencias sin son ya al alférez real –incluyendo su pendón, como menciona Alberto:
Los mensajeros dexemos
que pasan la Albofera;
de los reyes amos fablemos
que estan en la frontera.
Su hueste luego alcançaron
un dia amanesçiente,
los cristianos apostaron
commo fuesen noblemente.
Ivanse por la frontera
los reyes con sus fijos dalgo
e levava la delantera
el maestre de Santiago,
que la levava sin arte
con mucha buena conpaña,
don Johan Nuñez a la otra parte,
alferez del rey de España. (365)
El buen rey, noble caudiello,
esforçando quantos son,
e Pero Ruiz Carrillo
llevava el su pendon,
varon de buena manera,
alferez que mucho val
la esquierda costanera
levava el rey de Portogal. (368-9)
por el su real entrava
el noble rey don Alfonso.
El su cuerpo bien guardado
de las sus armas guarnido,
el pendon muy preçiado
por la sierra bien tendido.
El alferez sin pavor,
coraçon commo de peña,
nunca lo tovo mejor
aquel buen Terrin Dardeña
que fue otra vegada alferez
de Carlos, el enperador,
e vixnieto del rey Fieles,
del reyno de Anglia señor. (479-80)
Al alfierez fue dezir:
«¡Adelante el pendon!
Alfierez Sancho Martinez,
esforçar e non temer,
entre esos moros marines
este pendon va poner,
e muerte non dubdaras
por a Dios Padre servir
contigo me fallaras:
el pendon cuydo seguir.»
Fizo salir del otero
el pendon sin toda falla
e el commo cavallero
fue ferir con la batalla. (493)
e al alferez mandava
que fuese con el pendon
e mando que lo levase
contra el vado adelante
e sin miedo lo juntase
con la seña del infante.
El alferez lo conplio,
con el pendon fue su via;
despues del luego salio
el rey con la cavalleria. (677)
Los números hacen referencia no a la estrofa, sino a la página de la edición de Cate
Cate, Johanna Paulina Ten, ed. (1956). Poema de Alfonso XI. (Revista de Filología Española, Anejo 65). Madrid: Revista de Filología Española.