18
FebLa calle de los actos de habla
En la sección dedicada a las prácticas del espacio, Michel de Certeau comienza por mirar al espacio urbano desde la mayor altura que puede concebir; decide agruparlo bajo un solo golpe de vista, antes de descender a las calles para entrar en el texto ciudadano. Dice:
La volonté de voir la ville a précédé les moyens de la satisfaire. Les peintures médiévales ou renaissantes figuraient la cité vue en perspective par un oeil qui pourtant n'avait encore jamais existé. Elles inventaient à la fois le survol de la ville et le panorama qu'il rendait possible. Cette fiction muait déjà le spectateur médiéval en oeil céleste. Elle faisait des dieux. ['La voluntad de ver la ciudad precede a los medios de satisfacer esta voluntad. Las pinturas medievales o renacentistas figuraban la ciudad vista en perspectiva a través de un ojo que, sin embargo, no había existido jamás todavía. Estos cuadros inventaban a la vez un sobrevuelo sbre la ciduad y el panorama que éste hacía posible. Esta ficción transformaba al espectador medieval en un ojo celeste. Hacía dioses.] (Michel de Certeau, L'invention du quotidien: 1 Arts de Faire, París, Gallimard, 1990, pág. 140)
Ver, convertirse en un observador, en un "point voyant", eso es "la ficción de saber".
La práctica del espacio comienza, según Michel de Certeau, en el instante en que el paseante da sentido al espacio urbano. Situarse en la calle, apropiarse de ella en innumerables formas es como emitir otros tantos actos de habla. El paseo y los actos de habla, de hecho, pueden ponerse teóricamente en paralelo. La teoría de los segundos puede iluminar una futura teoría del paseo y la espacialización. De hecho, el concepto (o casi-concepto, quizá) de espacialización se me antoja ahora más importante que el de espacio, al menos por lo que toca a mis propios intereses.
El espacio debe distinguirse del lugar. Dice Michel de Certeau, "l'espace est un lieu pratiqué" (p. 173). Quizá podría reformularse el problema. Es una distinción que parece sensata, pero me doy cuenta de que se confunde con frecuencia. Un lugar es, por así decirlo, sin-tópico, mientras que un espacio es, al menos potencialmente, diatópico. Me conviene darle a la noción de lugar un valor de autoridad: el libro (me refiero al libro de la orden, y más concretamente al exemplar) constituye un lugar inalienable, un punto fijo, un punto quieto al que es preciso desplazarse. Él mismo, como lugar concreto, como locus, impone su aura y su autoridad. Para que los vecinos de Biescas apuñalen el Libro del Capítulo de los Infanzones en 1649, han de atravesar los muros, llegar hasta el libro y apuñalarlo in situ. El hecho de no moverlo de allí es una agresión todavía más exquisita, en la medida en que el acto de destrucción de la autoridad se ha practicado en la sede misma de la autoridad.
El espacio es diatópico. Digamos que el libro-locus expone una teoría del espacio. Quizá es una mínima teoría del espacio, pero no deja de serlo. El libro mismo no representa un espacio: cuando los caballeros de Gamonal y de Santiago quedan retratados en las páginas del códice, éstos están desarrollando una actividad de espacialización, su caballo se está moviendo, ellos están en pleno momento de tensión jugango con su bohordo, está claro que están representados al aire libre en los espacios de la ciudad diputados para sus juegos. Pero el espacio mismo no ha sido representado en el retrato. Los retratos están hechos sobre el vacío de la página, sobre un espacio indeterminado. Es el texto el que determina el espacio. Es el texto el que explica cómo se producen los procesos de espacialización del medio urbano, cómo son los actos de habla que emiten los caballeros en cada una de las ocasiones en que salen, con la indumentaria del grupo (las coberturas) a las calles de Burgos.
Aunque el paseo-acto de habla es impensable de una manera sistemática, hay algunos paseos que pueden ser considerados coreográficos, y que tienen, ante todo, un valor perlocutivo, un valor performativo. El paseo al que se libra a diario Gandhi, según su autobiografía, tiene ese valor, puesto que la espacialización y la meditación se corresponden en el plano teórico en que él imagina su paseo. El paseo diario de Enrique se parece mucho. Por lo general camina deprisa, pero hace gestos que a él le resultan imperceptibles y que a quien lo conoce le resultan muy familiares: en tal momento está teniendo una idea fabulosa, sabemos que de inmediato va a detenerse en medio de la calle (sin dar los intermitentes) y, sacando su pequeña libreta, va a apuntar algo allí mismo, algo que no podría haber sucedido fuera del orden del paseo, fuera del momento de la espacialización. Un tercer elemento mucho más antiguo, claro, es el de las procesiones en el interior de los monasterios o de las iglesias y catedrales. Hay un orden de la espacialización, en la que cada movimiento se corresponde con un proceso de memoria, de recitación, de oración, de contemplación o de meditación. El orden procesional de, digamos, la Catedral de Salisbury, no es cambiable por otro; la procesión (incluso la de Semana Santa en Sevilla) actúa y adquiere todo su valor performativo por su fijeza. Cuando en el siglo X, creo recordar, se cambia el orden de la procesión de exaltación papal entre San Pedro y San Juan de Letrán es para evitar el camino recorrido por la Papisa Juana, en medio del cual dio a luz (véase el libro de Alain Boureau, La Papesse Jeanne).
El libro-locus determina el modo en que este lugar sintópico se desarrolla diatópicamente. Explica cómo funciona el valor performativo y perlocutivo de la salida de los caballeros a la calle, el modo en que debe salir, el orden en que deben expresarse allá. Da nombre a la nueva vía pública: es la calle de vuestros actos de habla.
[Segunda parte, quizá para una reflexión ulterior, ya en el libro, quizá no aquí. Un detalle importante que, por lo que me parece, de Certeau menciona de pasada, es el modo en que os espacios urbanos ponen en juego toda la historia. Quizá puede decirse de ciudades como Burgos que ponen en práctica "l'art de vieillir en jouant de tous les passés" (p. 139). Convendría desarollar este punto, porque quizá el tiempo, o el modo de poner en juego los pasados, es también un modo de espacialización, una práctica del espacio.]
Discussions are automatically filtered and moderated to prevent spam, and unsuitable or offensive messages. Code, html tags, or any form of malicious code will also be eliminated. Prior to commenting, users must enter a valid email address. If in doubt, please refer to the terms of our privacy policy.
Please, fill all the required fields in the form below, and send your comment. It will be queued pending moderation.