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AprManuscritos sin glosas y glosas sin texto (desde la Biblioteca Nacional de Madrid)
Obviemos todas las circunstancias del último mes y medio. Hoy, tan solo un día antes de volver a Berkeley, he decidido pasarlo en la Biblioteca Nacional de Madrid consultando algunos manuscritos. Y encontrándome a queridos y viejos amigos. Germán Labrador y Agustina Monasterio, Rosa María Rodríguez Porto y Joaquín Rubio Tovar. Esto es una de las cosas buenas (el azar) que tiene la BNM.
Los manuscritos. Tenía la intención de ver, sobre todo, ejemplares de la Coronación de Juan de Mena. En la Nacional no hay más que un manuscrito que me interese, y he visto todos los incunables e impresos (los había visto en julio de 2006). Así que he dejado a Mena para el final, y me he metido a fondo con Enrique de Villena y algunos de sus manuscritos, no todos. Seguramente, la mayor parte de los enigmas de los manuscritos de Villena han sido ya planteados y resueltos por Pedro Cátedra, pero no tuve la precaución de estudiármelo con detalle antes de venir, así que, de algún modo, he llegado intelectualmente incólume a la consulta de estas piezas, lo cual, pese a que con frecuencia es un inconveniente, en este caso es una gran ventaja. He visto, también, otros manuscritos.
Registro aquí todo en el orden en que lo he visto, señalando simplemente aquellos aspectos que me han resultado más interesantes para una futura/presente investigación:
Ms. 8822, una versión castellana a partir de la latina de Pier Candido Decembrio de la Primera Guerra Púnica de Polibio. En realidad, este es un manuscrito sin glosas. Tiene, ciertamente, correcciones al margen, en tinta más pálida y con las llamadas pertinentes. Asimismo, tiene un total de ocho comentarios marginales, tres de ellos dedicados a "notar" un pasaje sobre la virtud, mientras que los demás son meras aclaraciones de nombres y conceptos (cuánto son ocho estadios, cómo se llama el Lilibeo, qué significa Nápoles, etc.).
Ms. 10.111. Originalmente es un manuscrito procedente de la Catedral de Toledo, que ahora está bajo la custodia de la BNM. Contiene las Glosas que Enrique de Villena hizo para su traducción (y también para la epístola nuncupatoria y accesus) de la Eneidade Virgilio. Para todo lo referente a este asunto, debe verse en trabajo de Pedro Cátedra (1989, y luego en las obras completas de la Biblioteca Castro). En este manuscrito las glosas, nótese bien, están solas, sin el texto tutor. Es un manuscrito, además, que ha sido concebido de forma definitiva y autónoma, o, dicho de otro modo, no es un modelo para hacer copias posteriores en, digamos, ejemplares de la Eneida preparados para recibir glosas. Esto puede significar que las glosas fueron leídas de modo completamente autónomo, pero, la verdad, es improbable. El manuscrito contiene claramente expresas las llamadas a glosa, que, además, han sido ordenadas alfabéticamente con objeto de encajarlas por orden en una página del texto tutor que contuviera las mismas llamadas. No hay error posible a la hora de atribuir una glosa a un fragmento de texto. Lo que sucede es que no sé dónde está el volumen que contenía el texto y que ha de ser hermano de este que contiene las glosas. Quizá Pedro lo sepa. Quizá se ha perdido, por eso en mis notas (manuscritas) a ese hermano lo llamo el "vestigio verosímil". La existencia de ambos volúmenes indica, por cierto, que conviene redefinir los modos de lectura de los textos con glosas en el siglo XV, puesto que la presencia de los dos volúmenes, texto y glosa, implica una co-presencia, y, por tanto, técnicas de lectura y de estudio diferentes.
Ms. 174. Este es uno de los dos manuscritos más hermosos que habré tenido hoy (el otro es el 6526, del que hablaré luego). Es un dozavo que consta de tres, o quizá cuatro partes (tres, creo, en todo caso hay que corregir lo que pone en PhiloBiblon, que dice tratarse de un facticio en dos parte). La primera parte es una Consolación de la Filosofía de Boecio, con sus glosas marginales, en papel y pergamino. La segunda parte es una parte del libro primero del mismo texto, marcado con las llamadas a glosas, pero sin ellas ni sitio para insertarlas. La tercera parte es un índice (¿para su uso autónomo?) de los Moralia in Job de San Gregorio. Luego he estado viendo otro Boecio (Ms 17814, del que hablaré luego), que es una traducción diferente y que no tiene glosas, pero en el que algunas rúbricas, y, desde luego, el prólogo, contienen elementos de comentario. Por lo que respecta al 174 en su primera parte, debería estudiar el origen de las glosas, que, en general, propenden a clarificar los conceptos filosóficos y a establecer la intentio auctoris, así como a justificar elecciones de traducción. La glosa a la palabra mente en fol. 7r es un ejemplo perfecto de todo ello:
"Este vocablo mente se repite a menudo en este libro. E en nuestro romançe se suele llamar boluntad por mas çercano vocablo mas no es proprio. Que mente es dicha aquella potençia con que proveemos lo venidero, e la memoria con que nos menbramos de lo passado. E boluntad es aquella con lo que queremos. E porque en amos lugares se escriven amos vocablos cada uno se porna por su nombre. Por que la entençion del actor mejor se entienda. E porqque conpenssar lo por venir es entender mas puro y sinple. pone en muchos lugares mente: por la razon o prinçopal potencia del anima. E aun donde trata de la providençia de dios muchas vezes se llama mente divinal."
El ms. 6526 es un precioso libro mebranáceo en letra redonda humanística que contiene Los Doze Trabajos de Hércules de Enrique de Villena y el llamado Libro de la Guerra, que es una traducción del Epitoma Rei Militaris de Flavio Vegecio. He estado viendo este manuscrito en relación con otros manuscritos de Los Doze Trabajos de Hërcules, en particular el ms 17814, en que se contiene también una traducción sin glosas de la Consolación de la Filosofía de Boecio ("fue un cauallero de armas muy preçiado de bondad et de fama et vino del linaje de los patricios que quiere dezir tanto como Adelantados mayores" fol. 1ra) y el ms. 27, un gran infolioi gótico que contiene, en primer lugar, el Doctrinal de los Caballeros de Alonso de Cartagena (también contenía los Proverbios del Marqués de Santillana a su hijo, pero fueron arrancados con posterioridad a la restauración del libro). El primer dato que puede observarse no es demasiado interesante, pero nos habla de los "códices caballerescos" de las bibliotecas privadas, y, sobre todo, expande el propio concepto de "lo caballeresco". El segundo detalle es aun menos importante, pero no deja de sorprenderme, y, sobre todo, me reafirma en una obviedad: por más que uno conozca un texto medieval (habré leído mil veces los Trabajos), no habrá acabado de comprenderlo hasta que no haya visto los manuscritos (o, al menos, algunos de los manuscritos) que lo transmiten. Siempre había supuesto que Los Doze Trabajos de Hércules eran un libro glosado. Lógicamente, pensaba yo, teniendo en cuenta que se trata de una obra en la que cada trabajo hercúleo ha sido narrado para someterlo luego a una exégesis (fábula, alegoría, moralidad, verdad, es lo que aparece en los márgenes, a modo de ordinatio del ms. 6599), la historia dodecatlética estaría en el centro y las interpretaciones en los márgenes. Y, como era de suponer, me equivoqué. Lo voy a poner en negrilla para que se vea más claramente: me equivoqué. Es un tratado, y cada subdivisión ha sido estructurada con precisión para formar un gran comentario al mito heracleo. Todo el tratado es un comentario, todo es exégesis: habría sido margen y glosa (es un decir) en un tratado sobre el semidiós, pero es todo centro en la concepción villeniana de la política y la moral de los estados (concepto crucial de Villena, sobre el que habría que volver). Seguramente no tiene el menor interés insistir en este asunto, pero, obviamente, este libro desaparece de mi lista de manuscritos con glosas.
Ms 9985. Es un códice escrito en tinta corrosiva, un manuscrito de gruyère. Contiene el Espejo de Verdadera Nobleza de Diego de Valera, totalmente desprovisto de las glosas que tiene en otros manuscritos (y, en particular en el Ms BNM 1341); sólo tiene inserciones y correcciones marginales. También está el Triunfo de las Donas de Juan Rodríguez del Padrón, el Tratado en Defensa de Virtuosas Mujeres de Diego de Valera, acompañado, en los márgenes, por 39 glosas (autoglosas) que el propio Valera compuso, y, finalmente, una copia de la Coronación de Juan de Mena. En este manuscrito, la copla ocupa el centro de la página, mientras que la glosa es envolvente a dos columnas. La llamada a glosa es en rojo. A veces el escriba se equivoca al distribuir el espacio y encaja la copla en una de las dos columnas. En otras ocasiones (fols. 118 r-v), juega haciendo formas con la mancha de escritura.
Esos son, pues, los manuscritos vistos. La verdad es es que el infolio con tinta corrosiva me dio una reacción alérgica espantosa, que me hizo estornudar como a un elefante. Decidí que me había cansado de ver manuscritos. A fin de cuentas, llevaba ya, para entonces, ocho horas en la biblioteca. Así que decidí cambiar de ritmo para las dos últimas horas. Recordé que, después de leer, en días pasados, Bartleby y Compañía de Enrique Vila-Matas, me quedaron las ganas de releer el Persiles de Cervantes. Así que me pedí uno de los cuatro ejemplares que tienen de la primera edición (Juan de la Cuesta, 1617; R/14464) y me puse a leerlo con toda la paz del mundo: un hombre que se muere y, con el último suspiro, deja escrita una novela sublime. Cuatro días después de escribir su prólogo (un diecinueve de abril, día en que yo estaba también leyendo ese prólogo) se fue.
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