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NovPaulina y Rodriguillo, al margen (por mor de la retaguardia)
No sé quién es el autor de las glosas que ilustran los márgenes del De Vita Felici (a veces llamado De Vita Beata, contra el título que ilustra en rojo el primer folio) de Juan de Lucena. Es un bonito manuscrito que estuve leyendo ayer durante mi primera de estas breves jornadas en la BN. No es el único manuscrito que pedí. También anduve consultando la traducción de Pedro de Toledo de la Guía de Perplejos de Maimónides, con dos juegos de glosas (una de ellas, la más tardía, sumamente escéptica por lo que respecta a la traducción, que, de todos modos, está llena de correcciones interlineales, debidas quizá al propio Pedro de Toledo). Pedí el Phaedo de Platón traducido y glosado por Pedro Díaz de Toledo para Santillana, pero está abajo, en una vitrina, en la exposición hasta enero. Mala suerte, tendré que conformarme por ahora con el micro y, si acaso, verlo y estudiarlo en junio. No importa, tengo más de lo que puedo hacer. Ahora estoy esperando a que me sirvan mis manuscritos.
Como decía, no sé de quién son esas glosas. El glosador, eso sí, está encantado de la vida y lo está pasando de miedo mientras anota, unas veces muy latino y otras veces muy ladino, los márgenes de un texto que, de por sí, es muy divertido (y ya lo era en el original latino del ligur Bartolomeo Facio). Mi impresión es que el glosador sabe italiano, además de saber latín (tanto en sentido recto como en sentido figurado), y que le divierte de vez en cuando usar giros procedentes de la lengua italiana. Tengo incluso la vaga impresión de que alguna de estas glosas proceden de un aparato de glosas originalmente en italiano, traducidas y, en ocasiones, comentadas, re-glosadas o actualizadas por quien se ha encargado de estos márgenes. Pero en realidad no lo sé (haría falta encontrar ese original). Las glosas ya han sido editadas, hace mucho, por Paz y Mélia, y seguramente me entretendré en volver a editarlas aquí, en mi página web, simplemente porque sí, porque me divierte.
Esta es simplemente una de las historias procedentes de uno de los márgenes, llena, quién lo duda, de grande moral filosofía y ejemplos universales para las generaciones venideras (puntúo, acentúo, etc., sin más ni más):
"Desta Paulina no ley ni creo que se lea en autentica escriptura. En los antiguos palaçios senatorios, çerca del templo laterano que oy se llama sanct Juan Lateranense, sobre los cárdines de la puerta está esta Paulina de una parte y Rodriguillo de la otra, ambos de açófar sobredorado de estatura natural de hombres. Dizen los vulgares que sacándose él una espina del pie, ella le vio el miembro tan desmarcado, que se ençendió tan brava que por fuerça cometió con él adulterio. Era criado suyo. Venido el marido en barrunto y expiándolos, vio un día que le demandava: '¿Cúyas las tetas?' 'de Rodriguillo'; '¿cúyas las piernas?' 'de Rodriguillo'; '¿cúya la boca, los ojos cúyos, el forno y el fuego?' 'de Rodriguillo'. '¿Cúya la rera?' Respondió: 'La rera y lo que della sale, de mi marido'. Era senador, mas no de tan clara gente como esta oscura e impúdica Paulina, indigna de ser Romana. Y por ende él no la osó matar, por miedo de los parientes. Era pero una gran fiesta muy çerca; fízole fazer y vestirse una muy turpe saya de paño rústico, y la Rera porque era su sola, suerte bordada de ricas joyas y con ella la forçó desvergoñadamente sallir en público, en compañía de las matronas. Maravillado el pueblo de tanta novedat, indignados los parientes dentrambos de tanta ignominia, les nunçió la cosa, y que por ende solo aquello ornó de joyas, porque aquello era solo suyo. Fueron por el pecado désta penadas todas, en memoria sempiterna, que cubriesen la rera con lienços. Agora, andar sin él es la deshonrra. Si tú, lector, te enojaste en leer esta prolixa glosa, perdona. Escrevilo como lo oy de ançianos Romanos, más breue que pude; no lo ley, pero, ni creo que jamas lo leyste."
[Varios estudiosos han hecho mayor o menor referencia a estas glosas, desde Paz y Mélia y Mario Schiff hasta María Rosa Lida -a la que Yakov Malkiel, en su prólogo a este trabajo póstumo llama "la futura María Rosa Lida de Malkiel" y, ahora mi querida amiga Lucia Binotti, en Chapel Hill. Es, de hecho, este trabajo, publicado en La Corónica, en el volumen 29 de 2001, el que hay que consultar para tener una primera aproximación a estas glosas en concreto.]
Estoy maravillada al leer este fragmento que has puesto, no sólo por la historia que ya de por sí me divierte (¡cómo no!), sino por la consciencia aguda del glosista de tener una audiencia, un lector con quien jugar y establecer códigos de lectura. La pregunta que tengo en la cabeza no tiene que ver tanto con todos los planos de lectura de los manuscritos con glosas (mi ignorancia en el tema hace que piense simplemente que hay muchos y que hay una voluntad material de crearlos, que el resultado es muy complejo y en eso me quedo). Pienso más bien hasta qué punto estas capas que constituyen las glosas (sabes que las que más me gustan son las glosas "en cebolla"), estas historias que de ningún modo parecen querer quedarse en meros comentarios o en historias secundarias (a pesar de que diga "mas breve que pude"), replantean los códigos de lectura (ritmo de la lectura, seguimiento del texto "principal", jerarquización de posibles comentarios del lector, etc). Cuando dices "las glosas ya han sido editadas" ¿te refieres a que han sido editadas como texto autónomo? Me imagino las dificultades de editar un texto con glosas pero, aunque no me sorprende que se editen las glosas como texto autónomo, tengo las preguntas (otra vez) de la que se deja guiar por los instintos de lectora: ¿hasta qué punto pierden significado sacadas del marco material (el texto) con el que dialogan y gracias al cual pueden dialogar y jugar con el lector?