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JESUS RODRIGUEZ VELASCO: Search this website 

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14
Nov
Glosas no-glosas: de la interlínea al “margin de yuso”

Espero a que me sirvan mi manuscrito, el que contiene la traducción de la Guía de Perplejos de Maimónides hecha por Pedro de Toledo. Es un bellísimo folio hecho para satisfacción del señor de Zafra, Gómez Suárez de Figueroa. El título que le da el propio Pedro de Toledo es estupendo, con ese típico doblete de los traductores: Mostrador o Enseñador de los Turbados. Tanto el folio 1, que contiene, en recto y verso, el prólogo de Pedro de Toledo, como el folio 2 (id), que contiene el prólogo de Maimónides, están iluminados mediante el uso de pan de oro (iluminación propia) y otros colores (azul y rojo), describiendo motivos ornamentales y vegetales. En estos casos, supongo que hay que pensar en Michael Camille y su Image on the Edge. Para quien pueda interesar, ésta es la ficha de esa gran cosa que es Philobiblon. Parece que la fecha de la composición del libro es el 25 de Septiembre de 1419.

Folio 1rDos manos diferentes hacen anotaciones entre las líneas y en los márgenes. Una de las manos corresponde al propio amanuense, y seguramente traslada anotaciones y explicaciones del propio traductor, Pedro de Toledo. A través de esas notas percibimos una extraordinaria ansiedad en el proceso de traducción. A Pedro de Toledo no le basta con las disculpas que escribe en el prólogo, ni le parece satisfactorio el común expediente de traducir un concepto de manera casi cubista, usando dos y hasta tres sustantivos para intentar cubrir todo el espacio conceptual del original. En ciertos momentos se da cuenta de que lo que está traduciendo, si bien puede ser puesto en castellano, no parece, en cambio, que pueda ser comprendido, no hay modo de someterlo a otra racionalidad diferente de la que implica la racionalidad de la cultura-lengua original. En momentos en los que Maimónides recurre a las técnicas exegéticas hebreas, Pedro de Toledo traduce, sí, pero se queja:

"Esto non ha rrazón que se pueda Romançar" (f. 32va)

Algunas de sus observaciones son más bien interpretativas. Mira hacia su propia traducción y no encuentra manera de que la versión de verbo ad verbum que está ensayando le ofrezca la menor fiabilidad hermenéutica. La anotación marginal, entonces, ensaya una explicación que no pudo dar manteniendo el principio de fidelidad al texto. Según Pedro de Toledo, el texto de Maimónides -dicho y glosado- leería, en castellano:

"¶Dixo el Sabio mançanas de oro en Redes | de plata por tu coraçon para me oyr. glosa desta Razon. que dixo que las rredes son que las mançanas enrredadas por que han logares sotiles foracados mucho menudos segunt que es la obra de los orebzes & son llamadas rredes por que el ojo cata por ellas & su caldeo de catar es & en Redo. ¶Et el sabio dize que como la semejança de las mançana de oro en Redadura de plata que las sus aberturas son muy delgadas, asy es la cosa que es dicha en dos maneras." (f. 4rb)

De inmediato se va al margen para poder desenredar la intrincada frase:

"nota que quiere dezir dos entençiones, una mejor de entre otra buena." (ibid)

Lo que, más o menos, deja el problema como con las espadas en alto. La interpretación es casi trivial, atendiendo a la espesa metáfora de las manzanas.

Donde pone "dos", la otra mano, la del otro glosador (del que conviene, en cambio, hablar con más profundidad que la que puedo dedicarle en este post) ha hecho una de las miles de correcciones interlineales que ha hecho al texto. En su lugar, pone "sus". Este glosador no-glosador (enseguida diré por qué no-glosador) no sólo se rebela frente a la traducción, sino que se rebela contra todas las posible personalidades del traductor Pedro de Toledo, cuyo trabajo le parece de todo punto intolerable. A la altura misa en que Pedro de Toledo ha incorporado el notable sobre las dos "entençiones", el otro ha añadido una nueva capa a la cebolla, para criticar tanto la traducción como la anotación al margen:

"non ha de dezir aqui dos saluo sus maneras que ansi lo dize el texto mas adelante en las palabras del actor onde dize que todo dezir segun dos maneras etc. Ally convenia este notable." (ibid)

Nada de lo que hace el traductor puede satisfacer a este lector y estudiante. Nada. Ni siquiera los notables de quien se ha arrogado la capacidad de hacer esta traducción del More Nevukhim de Maimónides.

En otra ocasión, el notable de Pedro de Toledo dice, lleno de autoridad, 

"nota que quier dezir tanbil en abrayco." (5ra)

y el otro hace una caja con tinta, de dos celdas, en una de las cuales queda el notable del traductor, y en la otra el suyo en que exclama:

 "nota que quier dezir tanbil en abrayco."  "non se que quiere dezir en esto que dize del ebrayco tanbil".

Los casos podrían ser infinitos. La página es un campo de batalla. Al menos hasta el folio 20v, en que desaparece para siempre jamás la voz polémica de este lector, estudiante, estudioso y anotador. No ha querido o no ha podido seguir adelante. O quizá el trabajo que se había propuesto y que le ha llevado hasta ahí ha sido tan intenso que ha decidido no continuar para poder dedicarse a otra cosa (como por ejemplo, a leer el original). ¿Es alguien del studium o de la schola de Gómez Suárez de Figueroa? Un gran conocedor del hebreo y del árabe, ¿quizá un intelectual judío a quien se le ha encargado revisar el texto de Pedro de Toledo? ¿un rival?

Sigamos un poco la pista a este individuo que utiliza una letra enojosamente ínfima, para desesperación de los cansados ojos de cualquier lector. Alguien que escribe como condenando a los lectores a no prestarle casi atención.

Pero antes de nada: sus glosas son verdaderas y auténticas no-glosas. Y eso, precisamente, por tratarse de glosas en el sentido más genuino del término. Esto de las expresiones paradójicas tiene alguna ventaja, digo yo. Esta me permite hacer una distinción formal que puede ser importante.

Son glosas por el modo en que se distribuyen en la superficie de la página, o, mejor dicho, por el modo en que practica el espacio del texto, por cómo lo recorre y utiliza sus calles, desde el interlineado hacia los márgenes, en un movimiento de llamada y desarrollo, de corrección y comentario. Es glosa por cómo viene a establecer la lindes y el bornage, el sistema de señalización del texto al que se enfrenta, mediante llamadas consistentes en puntos, rayas, celdas, formas, al cabo, de recomponer la direccionalidad de la lectura, la comprensión del texto, tanto en su centro como en los márgenes. Lee y, al leer, llama.

No se trata (solamente) de una experiencia de lectura, es una tesis sobre la producción y la emisión del texto. Lo pone en marcha. Dirige sus pasos. No es una lectura en sí misma, pero sí es una producción de una pragmática de la lectura. Destinada a arruinar la autoridad del traductor y a no dejar duda sobre las precauciones que el lector debe adoptar a la hora de enfrentarse a este libro.

El aspecto del libro es el de un dédalo. Por eso el bornage es esencial. Es un instrumento para la cognición, un vehículo que ayuda a restablecer la jerarquía de la innumerable cantidad de piezas de que está formada la página.

Este individuo empieza a sorprenderse (y consecuentemente a sorprendernos) en el mismo prólogo de Pedro de Toledo. En un momento determinado, el traductor señala que

"muchas vezes tomo un Renglon de la una trasladacion & otro de la otra & algunas vezes tomare tal qual esta por lo yo no entender segunt la trasladacion esta e non segunt deue." (1rb)

Nuestro lector hace una marca desde "por lo yo.." hasta "segunt deue" y, sobre la marca, añade un texto:

"en el margin de yuso lo que dize" (ibid)

Y, en efecto, en el margen critica a fondo la actitud del traductor (si bien la legibilidad de este texto es reducida, no sólo por estar hecha casi sobre la iluminación del folio, sino también por el desgaste del margen exterior):

"& muchas vezes…" (ibid)

Viene a decir (aunque, como digo, hay partes que no son legibles (al menos por mí; quizá debería convocar aquí al ojo paleográfico de Alberto Montaner, cuya intuición y experiencia es mejor que toda cámara hiperespectral) que en esta mezcla se prueba que la propia traducción de Pedro de Toledo es dudosa y probablemente incorrecta.

La actitud de Pedro de Toledo le parece, a este non-glosador glosador un atrevimiento. Lo trata con desdén y con ironía. A menudo simplemente dice cosas como "no sé qué quiere decir con esto", minimia sus notables, le echa en cara sus errores. En otras ocasiones es mucho más largo en sus consideraciones. Insistente, incluso. En el prólogo, Pedro de Toledo, al hablar de la traducción, dice:

"…yo faré lo que deuo & seguire la Regla & costunbre delos trasladadores letrados que amj son antiçipados ¶Et por quanto los traslados son diuersos & de diuersos letrados buenos & comunales & ningunos:. ¶ Et los escriuanos otro sy todos por ser non letrados erraron yerros manifiestos yo lo que fare sy errare non sea en culpa & delo que bien dixiere a dios las graçias sean dadas." (1ra)

El lector no está nada contento con esta afirmación. Pone una llamada (tres puntos) a "ningunos" (ut supra), para comentar ahí (subiendo por el lado derecho de la columa, escribiendo en perpendicular al texto

"non se que quiere dezir aqui ningunos si sera error de scriuano"

¿Habrá cometido el escribano un error en la lectura de su modelo? ¿o contendría ese error el original? La afirmación no sería todo lo irónica que parece de no ser porque el mismo comentarista sale en defensa del escribano, casi institucionalmente (¿es él mismo un escribano? ¿ha tenido al menos que dedicarse en ocasiones a serlo?). La misma letra (algo malhumorada), hace una nota interlineal (sobre la línea, en este caso) al comentario de Pedro de Toledo sobre los escribanos no letrados (empezando en "todos por ser…"):

"non son todos los escriuanos non letrados nin todos erraron, nin mucho menos los trasladadores, como dize segunt parecera luego adelante, que el autor mismo vio la trasladacion de abin tabbon e la ouo por buena, aun que este trasladador diga que todos erraron como lo dize luego de aqui adelante que amos trasladadores e rrazono mal sy penso descargar de si e cargar sobrellos".

Pero el asunto es tan importante que no se conforma con dejarlo en el interlineado, sino que se va (uno diría que se va casi enfadado) hacia el "margin de yuso" para volver sobre el mismo asunto:

"quanto mas que amos trasladadores erraron.salua su graçia que el mismo conponedor Raby moysen vio la trasladaçion de abin tabbon & la auctorizo. verdad es que la del harizi es errada & la suya mas. Luego fiiar en dios buena cosa es mas non se quito por todo esto non es su trasladaçion errada & non de poco mas como dixo el sabio salemon por muchedunbre de palabras non se quita el yerro." (1r margen superior exterior)

Y luego otra vez en el margen inferior:

"por ventura sera la tal trasladaçion como esta que quando el trasladador non entyende la yntençion del componedor puesto que entyenda las sygnificaçiones de los vocablos no pudo ser seguro de yerro & non satisfaze aun que tome la mejor trasladaçion como dize que la ha tomado se non entiende." 

Es obvio que va quedando clara la segunda proposición de la paradoja anterior, a saber, las de este sujeto son no-glosas, y no glosas. Al contrario de lo que sucede con la mayor parte de los glosadores, éste no quiere concordar, no quiere alegar, no quiere notar, no quiere establecer doctrina, no quiere elaborar una exégesis, no quiere interpretar, ni, probablemente quiere (y esto sería insólito en un glosador, que tiene siempre la ambición de ser el responsable de una ordinaria) que sus glosas sean en el futuro copiadas con cada nueva copia del texto. Lo que este quiere es que el texto de esta traducción desaparezca, que se convierta en fragmentos, en fotones, en partículas cada vez más pequeñas y que se olvide entre el polvo cuántico de las galaxias.

Eso sí.

[Sobre la señalización (bornage). El comentador furioso es un experto revisor, de modo que conoce con detalle todos los procedimientos para hacer llamadas. El obelus le sirve para llamar a una corrección situada, por lo general, junto a la columna, escrito en perpendicular al texto. Otro obelus coronado con un círculo, sirve para llamar al margen, donde se reproduce la llamada con el mismo signo invertido. El claudator señala el final del fragmento sobre el que quiere comentar, que viene señalado en su inicio por un semi-claudator. Además señala todas y cada una de las palabras que forman parte del fragmento que comenta, poniendo sobre cada palabra tres puntos (:.). La referencia en el margen se señala con un subrayado (sistema habitual en las referencias marginales de los manuscritos glosados. Inserción y supresión se señalan también de modo convencional, con una flecha (signo de inserción) o con el punteado bajo la palabra que se quiere suprimir.]

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